Archivo de la categoría: 2018

Resto qui (Marco Balzano)

Resto qui (Marco Balzano)

Nadie se acuerda ya de los destierros provocados por los pantanos

Julio Llamazares

No es raro en los meses de sequía ver asomando campanarios sobre las aguas de los lagos -pienso en el embalse de Mansilla o en el Pantano del Ebro- a modo de ojo de piedra, atesorando una historia que se nos hurta, como la recogida en el estupendo documental de César Souto y Luis Avilés, Os días afogados, con el hundimiento de Aceredo.

Resto qui de Marco Balzano (Milano, 1978), es la historia que le cuenta Trina a su hija, la historia de su pueblo, Curon; una historia la suya de supervivencia y resistencia que podría hermanarse con La lluvia amarilla de Julio Llamazares, cambiando la soledad de un hombre convertido en el último habitante de un pueblo abocado a echar el cierre, por el empeño de permanecer en un pueblo que en vez de despoblado, desaparecerá anegado bajo las aguas cuando se construya una presa, después de muchos años -aunque no tantos como los que se precisaron para inaugurar la presa de Enciso- de tiras y aflojas entre las autoridades -que van cambiando de manos- y los vecinos, contando incluso con el aliento papal de Pío XII.

Curon es un pueblo ubicado en el Südtirol que tras finalizar la Primera Guerra Mundial, tras la desaparición del Imperio Austrohúngaro, pasará a ser del dominio italiano bajo la férula de los fascistas de Mussolini. Allí reside Trina que sueña con ser maestra junto a sus padres y hermano. La llegada de los fascistas italianos no les trae nada bueno a los lugareños, más allá de una italización impuesta que asumen a regañadientes, afanados ellos en el día a día de sus tareas agropecuarias.

La novela, a pesar de su brevedad: apenas 176 páginas, hace un recorrido que va desde comienzos de los años 20 del pasado siglo hasta el momento presente. Los habitantes de Curon creían que si los alemanes tomaban el poder formarían parte de su territorio, lo cual no sucedió pues siguió bajo dominio italiano. Se les ofreció a los de Curon en el 39 la opción de cambiar de residencia y trasladarse a los dominios alemanes, cosa que Trina y su marido Erich decidieron no hacer.

La historia de Trina y Erich es como la de una gota de agua en el mar de la historia; vivencias personales que se incardinan en el flujo histórico, sin que la narración devenga un aluvión de fechas y acontecimientos, sino algo mucho más doméstico, ligero, manejable, personal (más un plano corto que uno cenital) como es la mera supervivencia, cifrada en llegar al día siguiente, un aferrarse al terruño. Ver anegado su pueblo implica ver desaparecer sus raíces, todo aquello que supone su vida y su lucha tiene un elemento más sentimental que ecologista, porque no se oponen tanto a la presa, que como la construcción de una carretera o un viaducto tiene su manifiesto impacto medioambiental, pero va en el haber del “progreso”, sino que al construirla en su pueblo, este desaparecerá, por lo que esto les afecta en primera persona, y una indemnización no alcanzaría nunca a resarcir el daño irreparable que esto entraña.

La novela, narrada cronológicamente, se estructura en tres actos. Una primera parte en la que vemos a la jovencísima Trina enamorarse de Erich, casarse y ejercer como maestra clandestinamente. La llegada de sus dos hijos y la desaparición de uno de ellos: Marica que se evapora una noche de la mano de la hermana de Erich y a la que Trina nunca más verá; trance que que da lugar a la novela, que viene a ser el relato de su vida y la de su padre, que Trina le ofrece. El clima bélico, el tener que nadar entre las aguas fascistas de Mussolini y Hitler sin que Trina y Erich quieran meter en el agua ni siquiera los tobillos (no como su hijo Michael, seducido por los cantos de sirena nazis), les llevará en la segunda parte a tirarse al monte, convertirse en fugitivos, codearse con desertores, ver pasar los meses escondidos en establos, hacinados como animales, pero subsistiendo gracias a la solidaridad humana hasta el fin de la guerra. Finalmente la novela acaba con el pueblo sumergido, Erich enterrado, toda vez que le han arrebatado todo y su magra esperanza muera al poco, de inacción y Trina consolándose con palabras, vertiendo en el papel su historia, dando cuenta de sus avatares y desventuras, del sempiterno empeño de Erich por permanecer en Curon contra viento y marea, hasta sus últimos días.

Cuando Trina escribe ahora en su cuaderno Curon presenta el aspecto de una villa turística a la que la gente acude a echar fotos al campanile, a navegar por el lago. Ante la mirada inquisitiva del viajero curioso, Balzano nos lega la sugerente historia de Trina, Erich y la de otros muchos que han visto sus pueblos anegados y buena parte de su vida borrada de un zarpazo, poniendo así en el mapa -no solo sentimental- los destierros de los que habla Llamazares.

Einaudi. 2018. 184 páginas

IMG_20190728_163133_2_opt

La noche en que los Beatles llegaron a Barcelona (Alfons Cervera)

Sospecho que el pasado solo podrá ser enterrado cuando se conozca la verdad respecto al mismo

Hugh Tomas

La noche en que los Beatles llegaron a Barcelona de Alfons Cervera (Gestalgar, Valencia, 1947) es la guerra sin cuartel que la literatura a veces mantiene contra la desmemoria, contra esa distancia que cubre todo con el oprobio del silencio y el olvido.

En julio de 1965 Los Beatles llegaron a España para tocar en la Monumental barcelonesa. Ese día dos jóvenes salieron de Los Yesares en coche con la idea de presenciar el concierto. A su llegada a la ciudad, la policía los interceptó y los llevó a los calabozos en donde tuvieron barra libre de zumo de porra hasta quedar ahítos, sospechosos de ser terroristas, anarquistas, comunistas o simplemente por llevar el pelo largo, a saber. El responsable de la tortura, antaño laureado, verá como sus sádicos métodos no son válidos (esto es un decir porque en 1982 el Estado seguía asesinando gente impunemente) ya bajo una democracia y el futuro lo arrumbará, toda vez que el daño, mucho daño, y mucho dolor ya estuviera hecho y asimilado por sus víctimas.

Alfons simultanea la barbarie en el calabozo, que me recuerda a las primeras páginas de Twist de Harkaitz Cano, con la voz de un narrador amigo de los detenidos que mediante continuas digresiones y a salto de mata irá refiriendo su pasado, el de una España negra, que no se consumió a sí misma con la guerra civil sino que siguió en su vena más goyesca durante la posguerra a través de la represión –que tan bien recoge Susana Sánchez Arins en su magnífico Dicen-, el exilio, las depuraciones y otras tácticas siempre eficaces de amedrentamiento colectivo.

El texto se pasea por el presente y el narrador no sabe qué responder cuando un joven francés le pregunte por El Valle de los Caídos, monumento de la ignominia que rinde homenaje a un dictador y que después de cuarenta años de democracia sigue ahí dando guerra gracias al miedo de ultratumba capitalizado pero no amortizado, y al que José María Pérez Álvarez le dedicaba unas páginas estupendas en El arte del puzle, ambientadas en la inauguración del mismo en 1959 con el anual Desfile de la Victoria.

Alfons en su muy recomendable y combativa novela se va por las ramas de una biografía ligada a la oximorónica memoria colectiva pero una y otra vez vuelve machaconamente -atenazando al lector- al calabozo la tortura el miedo la náusea el vómito la mierda las ratas muertas el porvenir astillado el crujir de huesos la alborada desángrandose tras los párpados amoragados… para que ese pasado que como dijo Faulkner nunca muere, siga estando siempre presente resistiendo a duras penas al blanqueador de la amnesia. Hay ese empeño. Esa constante.

Piel de Zapa. 2018. 176 páginas

www.devaneos.com

El peso de Dios (Paolo Sorrentino)

Desde que viera allá por 2001 L’uomo in più y tres años después Le conseguenze dell’amore, devine fan incondicional tanto de Paolo Sorrentino como de Toni Servillo, duo que ha seguido brindándome alegrías en películas como Il divo o La grande bellezza.

En 2010 Sorrentino debutó en la narrativa con Hanno tutti ragione, sobre un personaje de L´uomo in più, Pisapia, luego vendrían Gli aspetti irrilevanti, La juventud, que dio lugar a la película del mismo título. En 2016 Sorrentino creó y coguionizó (junto a Umberto Contarello) la serie The Young Pope, con un joven Papa interpretado por Jude Law. Aquella serie de diez capítulos se convierte, sintetizado, en libro gracias a la editorial Stirner con traducción de Víctor Olcina Pita. La irreverente serie, además de una primorosa puesta en escena y una Law bien histriónico deja paso en el libro al quehacer literario y Sorrentino sale muy bien parado. El joven papa, Lenny Belardo, es todo un personaje, es el primer papa americano, joven, apuesto; esbelto, ojos azules, correoso y transgresor.

En la primera página del libro Lenny tiene un sueño, una pesadilla (para él) más bien, en el que se ve arengando a las masas a dejar en manos de las personas la libertad para amarse entre ellos (sacerdotes incluidos) sin importar el sexo, sin tener que reproducirse como único fin, animándolos a divorciarse, a abortar, a reivindicar la muerte cuando no se desea ya la vida, a ser libres en definitiva, porque es ese el único camino hacia la libertad.

Ya como Papa, cargo sorpresivo que Lenny cree que le viene dado como un milagro, premio a su empecinamiento y tras darle mucho la tabarra al Supremo, su postura se vuelve hermética, su proceder recalcitrante, les pone las peras al vino a todos los cardenales, y les viene a decir que la fe es para el que se la curra, que menos postureo y más convicción, que quiere pocos fieles pero de calidad, que manifiesten una devoción e intensidad rayana en lo infinito. No va con él predicar con el ejemplo, evangelizar desde la proximidad y la empatía.

Hay algo que ha marcado y marcará el pasado, presente y futuro de Lenny, esa herida que se mueve en el tiempo es la falta de progenitores, que lo dieron en adopción de chiquitín. Lenny ha crecido con esa ausencia, en una niñez sin infancia, alimentado por un desamparo minorado por Sor Mary, quien a todos los efectos viene a ser como su madre, no sólo espiritual. Toda esta herencia negativa (Lenny solo recuerda de sus padres su olor) le sirve a Lenny para tratar de crear algo y erigirse desde la ausencia para desde esta a la presencia, manteniendo el misterio. Da largas, igualmente, a la hora de dar su primer discurso, pues dice estar creando así la espera.

Lenny al igual que Salinger, Kubrick, Bansky, Daft Punk…, quiere ser invisible, más impopular que popular, impopularidad entendida como una rampa de lanzamiento hacia la leyenda en el tiempo, ser más reconocido que conocido, azuzando así la curiosidad de los demás hacia su persona(lidad).

El texto amén de entretenidísimo es alegre y vivaz, los diálogos de Lenny con todos cuantos le rodean, pienso en Spencer, Kurtwell, Voiello, Ester, Aguirre, Sánchez, son hilarantes, chispeantes, agudos, precisos, incluso sensibles y emotivos y en ellos se filtran la pedofilia, la imposibilidad de tener hijos, distintos milagros, la ansia de poder, las rencillas, las deslealtades, el calcio, los tejemanejes, las traiciones, el vivir en la duda, incluso la fe cuestionada en la que se refocilará el propio papa, cundiendo así la paradoja de que en esta carrera o competición contra la nada todos estamos perdidos, cogidos de la mano, con el sumo pontífice en la tête de la course.

Stirner. 2018. Traducción de Víctor Olcina Pita.190 páginas

www.devaneos.com

Guía de extraviados (Juan Gracia Armendáriz)

El título de esta novela de Juan Gracia de Armendáriz, Guía de extraviados, nos aboca desde su título al oxímoron. La novela, es una carta, aquella que escribe el narrador, a la mujer que desapareció un día, hace tres años, sin dejar rastro alguno.

En la portada vemos una foto pixelada de una figura que se aleja por un camino entre árboles. No vemos si quien pasea es hombre o mujer, incluso niño o adulto, pero esa falta de nitidez, de ausencia, tiene naturaleza de extravío, la foto parece irse diluyendo como un recuerdo que pierde sus contornos en vías de su desaparición.

¿Qué sucede cuándo alguien desaparece sin dejar rastro? El que se queda lo hace con un palmo de narices, no entiende nada. Busca explicaciones sin hallar respuesta válida alguna. Reconstruye los hechos, rastrea las redes sociales, el disco duro del ordenador de la desaparecida, remueve cajones, trata de iluminar los últimos momentos juntos, todo en vano. La desaparición de su mujer es una de las que integran ese 8% de los que no regresan, cuyo caso no se esclarece ni con el regreso ni con la muerte, así que la desaparecida queda en el limbo, no es un víctima que el mar arroje a la playa, es una ausencia que lo inunda todo en la vida del que se queda al otro lado, del que espera y desespera, aquel que se consume en sus pensamientos, que incluso decide investigar por su cuenta o ponerse, ya a la desesperada, en manos de médiums y similares, con la idea de que le puedan dar algún dato sobre el paradero de la extraviada, dando lugar a momentos paródicos que alivian un tanto el peso de la cruz. Cruz de la que el narrador se desclava, llegado el momento, en pos de otros cuerpos, otras pieles, otros humedales, devaneos periféricos que no lo integrarán de nuevo en la rutina, en el amor doméstico, simples mojones en los que se apuntala el deseo, para seguir luego su camino, su ruta, un viaje hacia ninguna parte, hacia una desaparición que le permita volver al punto de partida del casillero, solo que ahora su compañera de partida será un fantasma.

Como hace cuatro años cuando leí la espléndida La pecera, con un estilo reconocible, en esta Guía de extraviados, el autor nos aboca a una situación límite, en la que el narrador se verá capaz (capacidad estéril) de todo, desesperación generadora de situaciones hilarantes, patéticas, escalofriantes, pues como si de la mano de un Virgilio invisible, nuestro dantesco narrador se viera recorriendo los distintos círculos infernales (¿hay algo más infernal que un depósito de cadáveres, un hospital, el cuchitril arrabalero de un médium de medio pelo?) al tiempo que enhebra los días sin alcanzar a pasar el hilo de los mismos por la aguja que no encuentra. Si la hallara él sería una Penélope esperando el regreso de su amado, pero aquí no hay final feliz, ni perros avispados, no hay nada. Solo hay ausencia, vacío, dolor, tristeza, soledad; cinco notas para un réquiem, sin difunto.

Pre-Textos. 2018. 119 páginas