Archivo de la categoría: 2021

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Breviario provenzal (Vicente Valero)

Breviario provenzal, el último libro publicado de Vicente Valero, por la editorial Periférica, reúne dos textos publicados con anterioridad.

Cuaderno de Provenza que formó parte de Diario de un acercamiento y Junio en casa del doctor Char que lo podemos encontrar en su libro de poemas Canción del distraído.

La pandemia sigue y esto afecta a nuestra manera de viajar. Leer es hoy (y siempre) un formidable y seguro medio de viajar a través de las palabras que leemos. Gracias a Vicente Valero viajaremos por la Provenza.

Si con las recetas de Julie (amenísimo programa que podemos encontrar en RTVE) el periplo por los dominios galos tiene que ver con lo gastronómico, aquí el autor, viajando también bien coche, incide en lo pictórico y literario. La Provenza guarda una relación ineludible con la luz y la naturaleza. Sobre ella escribirán Petrarca, Handke, Ponge, Rilke, Mallarmé, o pintarán Van Gogh, Picasso, Manet, Cezanne…

El autor se sitúa en los mismos lugares que estos artistas, visita los cementerios que acogen los restos mortales, holla las cumbres de esas montañas tan inspiradoras para el arte como Sainte-Victorie, ve con sus ojos, desde la calle, lo mismo que vieron estos artistas y el lector desearía ahora mismo seguir los mismos pasos que Valero por tierras francesas, por la Provenza, enriqueciendo su mirada con las palabras y reflexiones del autor sobre el arte pictórico, y luego a la tarde, ya sobre la cama reposar los huesos con ese mismo libro para acometer los poemas de Junio en casa del doctor Char, para sentir la arena mojada, el batir de las olas, el salitre en la piel, las estrellas húmedas…

Leo:

el auténtico misterio de esta vida debe de ser la alegría.

Sea.

Vicente Valero en Devaneos

El arte de la fuga
Los extraños
Experiencia y pobreza. Walter Benjamin en Ibiza
Las transiciones
Duelo de alfiles
Enfermos antiguos

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La avenida (Francesco Pecoraro)

Francesco Pecoraro
La avenida
Periférica
Traducción de Paula Caballero Sánchez y Carmen Torres García
2021
533 páginas

Mientras termino por agotamiento este relato, escribe el narrador de la novela de Francesco Pecoraro, La avenida. Agotado después de más de quinientas páginas de escritura, después de haber ido al pasado para recordar aquellos tiempos de comienzos y mediados del siglo XX, en la ciudad de Roma, en los aledaños del horno Hoffmann, empleados en la continua elaboración de ladrillos que permitían la expansión de la ciudad, funcionando las 24 horas al día, con gente allá dentro dejándose la piel y la vida. Condiciones laborales que me traen en mientes otro relato muy vívido, el de Prunetti en Amianto.

Todo aquello ha sido barrido por la historia y Pecoraro quiere fijarlo sobre el papel, recordar a aquellos trabajadores y trabajadoras currando a destajo, labrándose un porvenir, combatiendo el fascismo, en un reducto conocido como la Pequeña Rusia, la cual llegó a recibir a Lenin, antes de convertirse en lo que fue. La batalla entre comunismo y capitalismo ganada de calle por el capitalismo. A pesar de lo cual el narrador sigue teniendo apego, querencia al comunismo a pesar de su ineficacia y su nefasta puesta en práctica.

La lucidez que despliega Pecoraro no solo va al pasado para iluminar aquella época, sino que se centra también en el presente, de la mano de su narrador, un historiador del arte que se amolda como funcionario, acusado de corrupción, que ahora a sus setenta años, jubilado, en la séptima planta de su vivienda hace, no sé si balance, pero sí memoria, y azuza su mirada para tratar de describir la actual situación, la falta de ideología y compromiso, la pulsión del deseo, reducido a algo virtual, inaccesible, los brotes xenófobos ante el paisanaje presente en la ciudad, y Pecoraro acaba agotado porque se afana en la descripción minuciosa, quizás porque se tomó al pie de la letra que la clave estaba en el detalle, y así surgen las listas, como los alimentos que podemos encontrar en el catálogo de Despensa, una tienda de alimentación, o el análisis pormenorizado de una película porno con dos mujeres trabajándose respectivamente sus sexos.

Bienvenidos sean textos como este de Pecoraro por su ánimo libertario, su prosa sin cortapisas, el análisis que nos brinda a ratos sociológico, a ratos histórico, a ratos urbanístico (el autor es arquitecto) con su mala uva y esa lucidez que le aboca al desencanto; la mirada de un testigo que siente la urgencia y la necesidad de contarlo todo y dejarlo por escrito, no porque alguien vaya a leerlo sino porque sabe que debe hacerlo. Que se lo debe.

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Las listas del pasado (Julie Hayden)

Las listas del pasado
Julie Hayden
Muñeca Infinita
Traducción de Inés Garland
2021
221 páginas

Las listas del pasado de Julie Hayden (1939-1981), es el primer título a la venta de la nueva editorial Muñeca Infinita. Comprende doce relatos con traducción de Inés Garland.

El punto de encuentro o desencuentro entre la vida y la muerte, el posterior duelo, la enfermedad previa, el alcoholismo, las distracciones pasajeras como la jardinería, las ausencias, todo cabe en estos relatos marcados por la sutileza, por la observación e hincapié en detalles en apariencia nimios, pues la autora se sirve de la cotidianeidad, en el día a día de gente normal y corriente que pulula por la ciudad vertical de Nueva York, amurallados en su soledad y aislamiento o bien el campo en un tratamiento con la naturaleza que los torna más humanos.

Las listas que aparecen en los relatos y en el título articulan las pequeñas acciones y pensamientos de los personajes, ordenan sus quehaceres, sustancian el tiempo venidero, organizan las existencias, otorgan algo de orden en un contexto difuso.

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Valéry. Tratar de vivir (Benoît Peeters)

Valéry. Tratar de vivir
Benoît Peeters
Traducción de Mateo Pierre Avit
Ediciones del Subsuelo
2021
383 páginas

Valéry. Tratar de vivir de Benoît Peeters, con traducción de Mateo Pierre Avit es una espléndida biografía del autor galo. Benoît quiere encarecer la figura de Valéry, autor aclamado (al menos en Francia) hace décadas, a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX pero hoy bastante olvidado. Un autor que tiene fama de difícil. Nacido hace 150 años (1871) y muerto a los 64.

En estos devaneos he dado cuenta de su novela Monsieur Teste y de sus Cuadernos, en aquel volumen hoy descatalogado, que publicó Galaxia Gutenberg, espigando algo de la ingente producción recogida en los Cuadernos, la obra-cerebro de Valéry, según Benoît.

En sus inicios como escritor Valéry admira a Mallarmé, y logra hacerse con su amistad. Al igual que le pasaba a Kafka con Max Brod, Valéry también necesita de alguien que crea en él y en su obra: Louÿs será su valedor, aquel que le anime a escribir y a publicar. Gran amigo con el cual acabará sin hablarse, como le sucederá también con André Breton.

Más tarde Valéry entablará amistad con Gide, de quien envidia su posición desahogada, sus múltiples viajes. Valéry no puede vivir de sus escritos y valora emplearse como oficinista durante la guerra. La vida le lleva luego a ejercer como cuidador no profesional de Édouard Lebey, el buen patrón.

Hay una constante que se mantiene durante toda la vida de Valéry y parece ser la insatisfacción, la imposibilidad para alcanzar sus metas. No puede vivir de su trabajo como escritor, en el terreno amoroso enseguida oficializa su situación se casa y tiene hijos pero no parece alcanzar la dicha, la plenitud amorosa, que le llegará ya mayor, en la sesentena junto a mujeres más jóvenes e inaccesibles, consumido en un amor no consumado.

La gran obra de su vida son los Cuadernos, en los que trabaja durante décadas para ir vertiendo en ellos todo tipo de reflexiones, pensamientos, prosas de todo tipo, que versan sobre cualquier materia. Al contrario que los ensayos de Montaigne, Valéry no dispone de la energía o de las ganas suficientes para llevar a cabo una ordenación sistemática de todo cuanto ha escrito, devenido entonces en un cajón de sastre.

Me resulta curioso leer que Valéry no leía a sus contemporáneos, por los que mostraba un nulo interés. Si Montaigne situaba su yo como centro de su obra, Valéry erige la catedral de su pensamiento sobre la piedra que es él mismo, sin reparar en lo que otros han dicho o escrito. Una tarea ingente, descomunal, inabarcable, como el mar infinito de su pensamiento, ahormada a la curiosidad insaciable de un intelectual de primer orden como fue.

Benoît logra ofrecer un retrato de Valéry muy sustancioso, vivaz y dinámico, consigue a su vez sustraerse al panegírico en pos de la imparcialidad, ofrecer las sombras (como algún comentario bastante complaciente con un dictador como Salazar) y luces de cualquier persona, aquí un escritor consagrado y olvidado; un ser reservado (y al mismo tiempo muy accesible para llevar a cabo todo tipo de encargos literarios, víctima pues de una amabilidad que le impedía decir que no), cuyas reservas y resistencias parecen quedar abolidas en sus cartas amorosas, en la intimidad compartida.

Al buen quehacer de Benoît hay que añadir, por consiguiente, el trabajo del traductor Mateo Pierre Avit. Esta biografía ha de interesar no solo a los lectores consumados o potenciales (una de las grandes virtudes que tiene esta biografía es la de alentarnos a leer o a leer más y mejor a Valéry) de Valéry, si damos por válido aquello de Homo sum, humani nihil a me alienum puto.
Nada de cuanto le sucedió a Valéry nos resultará ajeno porque sus pasiones, angustias, pesares y esperanzas son también las nuestras.