Archivo de la categoría: Editorial Pre-Textos

Joseph Conrad

Lord Jim (Joseph Conrad)

Decía Rafael Sánchez-Ferlosio respecto de Crimen y castigo que a pesar de los estupendos diálogos con el juez no pasaba de ser un mediocre folletón, no como Lord Jim, que según él era una obra maestra, porque en esta última funcionaba exclusivamente la moral de Lord Jim y sólo él era responsable y agente de su propia redención, mientras que en Crimen y castigo, la redención de Raskólnikov, es algo a todas luces querido y dirigido por Dostoievski. El final de Crimen y castigo no me convenció, no me resultó coherente con lo anterior. Llevaba años queriendo leer Lord Jim. Finalmente hoy lo he concluido.

Dijo Bioy Casares que por las digresiones penetra la vida y Lord Jim es una digresión continua, con una historia central y otras muchas orbitando a su alrededor. Hablar de Lord Jim es hablar de su final, así que quien lea esto sería conveniente que lo haga después de haber leído la novela.

Jim, Lord Jim, muere y su final es consecuente dado que parece que no hay redención posible, o no una redención total, a pesar de que Jim, logra por unos años rehabilitarse, reinsertarse, recuperar la confianza en sí mismo, erigirse como un líder, alguien a quien seguir, alguien confiable, lejos del mundanal ruido, allá a lo lejos, en un lugar recóndito, apartado, rodeado de gentes sencillas, donde su único afán será conseguir el bien común, evitar los derramamientos de sangre inútiles; mejorar en definitiva la vida de cuantos los rodean.

La vida de Jim nos llega velada, a través de fragmentos, que son jirones de la existencia que Marlowe -que oficia de cronista- nos irá refiriendo. Jim, capitán de barco, hace una Schettinada en toda regla y se da el piro ante el inminente hundimiento de la nave. Jim es juzgado, absuelto, sobrevive, y luego es un alma en pena, preso de los remordimientos, siempre cuestionando lo que hizo, y por qué lo hizo. Un acto que luego trata de purgar, como se refiere arriba. Un acto vil que Jim necesita redimir, al margen de la humanidad, la misma que puede salvarle, y librarlo de sus cadenas.

Poderosa y muy entretenida es la narración de Conrad en la descripción de los paisajes (tras esa muralla de bosques bordeada por una cenefa de espuma blanca, tras esa costa, que bajo el sol poniente, parece la misma fortaleza de la noche), sean marinos o de interior. Pero más allá de tantas aventuras y desventuras, de tantos afanes, lo que está en juego es Jim y su conducta, su moral, el enjuiciamiento de sus actos, de ahí que quizás donde la novela se engrandezca es en ese tratar de desentrañar un alma donde anidan sentimientos encontrados (los de un ser trágico, dueño de su destino), lo que impide las etiquetas, las clasificaciones, porque un acto de cobardía no está reñido con un acto de grandeza, la exposición pública con el retraimiento social, y sobre eso es sobre lo que Conrad crea su discurso, en ese terreno ceniciento, lejos del blanco y del negro, en el que alma humana lucha, se debate y a veces naufraga.

Como dice uno de los personajes femeninos de Los monederos falsos de Gide la cual sufrió un naufragio «comprendí que había dejado hundirse una parte de mí con el Borgoña, que en adelante cortaría los dedos y las muñecas a un montón de sentimientos delicados para impedirles meterse y hacer que zozobre mi corazón«.

El hundimiento de Jim no es solo físico, es espiritual.

Pre-Textos. 508 páginas. Año 1998. Traducción: José Manuel Benítez Ariza

Vicente Gallego

El espíritu vacío (Vicente Gallego)

Desconocía esta faceta como prosista del poeta Vicente Gallego (Valencia, 1963), y ha sido una sorpresa muy agradable. La novela, es un texto muy breve -ganador del XVIII Premio internacional de cuentos 2004 «Max Aub»-, que me ha resultado hilarante en grado sumo.

Gallego sitúa el relato en un discoteca a la que va a trabajar un poeta, como parte del equipo de seguridad. A su lado, hombres que son sacos de músculos, montañas de carne con escaso cerebro, que esculpen los caretos ajenos con sus puños o codos a modo de buril y para quienes el crujido de los huesos ajenos es música celestial.

El poeta se maneja bien con los puños y entre situaciones delirantes que te llevan a pasar de la risa a la carcajada continuamente, nos vemos en el final de la novela -que es de traca, o mejor -de balacera-, tras algunos momentos gloriosos -merced a unos diálogos desternillantes-, cuando por medio aparece Noelia, para quien su belleza es una tortura, y su sexo dionisiaco -por todos deseados- su perdición.

No sé si Gallego ha publicado más novelas después de este relato corto. En caso afirmativo, lo leeré.

Emmanuel Bove

Mis amigos (Emmanuel Bove)

Emmanuel Bove
Pre-Textos
2012
Traducción de Manuel Arranz
150 páginas

Batôn Victor, el protagonista de la novela es como el Drogo de El desierto de los tártaros, alguien cuya condena -muy a su pesar- es la espera; no espera como hacía Drogo a un enemigo fantasma, sino que lo que espera Batôn es encontrar un amigo. Batôn cobra una pensión de incapacidad -tiene un brazo dañado- tras la guerra que le permite apañarse. Decide no trabajar y eso le supone problemas, granjearse la hostilidad de su vecindario parisino, que no entiende que Batôn, como en su día Albert Cossery, prefieren la miseria al servilismo, la miseria a la esclavitud laboral. Batôn es un Marcovaldo, pero sin familia, sin esposa, pero al igual que le sucedía a éste, todos sus empeños son una ristra de empresas malogradas.

Batôn siente la soledad forzosa como una situación gravosa, acuciada por sus escasos recursos económicos y su decisión de no trabajar. Así, el único objetivo de Batôn, su único afán diaro es hacerse amigos, conocer a alguien que se interese por él, con quien compartir una charla, unas risas, sus recuerdos; así la narración nos irá desgranando los pormenores de este empeño, estéril, como se verá, porque no sabemos si es porque el mundo está confabulado contra Batôn, o porque su forma de ser así lo propicia, pero el caso es que todo aquello que tiene visos de prosperar, deviene en amargura, en rechazo, en imposibilidad.

Bove narra sin apenas subrayados, lo que no impide que lo leído resulte triste y trágico, cuando lo vemos por ejemplo comprando el traje de un difunto, que la viuda vende porque necesita unos francos para comer. No faltan las situaciones absurdas, disparatadas, forzadas -pero reales para nuestro personaje- y resulta trágico y desarmante encontrarte, con un persona(je) que clama -porque todo este relato es un clamor- que sólo quiere que lo amen, que lo quieran, que lo escuchen, que se interesen por él. ¿Nos suena, verdad?.

Emmanuel Bove
en Devaneos | El presentimiento | Henri Duchemin y sus sombras

Estatuas

Estatuas (Cristian Crusat)

Cristian Crusat
2006
Pre-Textos
109 páginas

Cristian Crusat (Marbella, 1983) acabó de escribir el que sería su primer libro, Estatuas, compuesto por 13 relatos, en 2003 en la Fundación Antonio Gala, publicado en 2006 por Pre-Textos.

Quizás sea el primer relato el que ha sido más de mi agrado, el que lleva por título Los deseos, su precio, por lo que éste tiene de misterioso.

El resto de los relatos los protagonizan en su mayoría jóvenes, de la edad de Crusat cuando los escribió, unos treinta años; jóvenes que trabajan, viven en pareja o con mascotas, que engañan a sus parejas o que se evaden viendo películas en un cine X. Son relatos tan pegados a la realidad que apenas hay distancia para coger algo de perspectiva, relatos en los que los pocos diálogos que hay no cuajan, e historias como la del relato Algo no huele bien, que resultan burdas.

Algo más interesante me resultan los relatos más experimentales del tipo Literatura de estado o Nueva era o incluso esa novela en miniatura que es Las ratas y el sapo. A lo que no encuentro acomodo es a la sección El matasellos, que cierra el libro, que se me antoja más relleno que literatura.

Quiero leer Solitario empeño, su último libro de relatos, a fin de ver cómo escribe ahora Cruisat, diez años después de su debut.