“No olvida nada pero lo perdona todo”. Entonces será doblemente odiado, pues avergonzará doblemente a los demás con su memoria y generosidad.
Aurora. Friedrich Nietzsche. Traducción de Pedro Gonzalez Blanco. José J. de Olañeta, Editor.
“No olvida nada pero lo perdona todo”. Entonces será doblemente odiado, pues avergonzará doblemente a los demás con su memoria y generosidad.
Aurora. Friedrich Nietzsche. Traducción de Pedro Gonzalez Blanco. José J. de Olañeta, Editor.
El cristianismo, con su desprecio del mundo, hizo de la ignorancia una virtud cristiana, acaso porque el resultado más frecuente que la inocencia produce es el pecado, el dolor de haberlo cometido y la desesperación; de modo que se trata de una virtud que conduce al cielo dando un rodeo por los alrededores del infierno, pues la promesa de una segunda inocencia solamente se cumple cuando se abren los sombríos propileos de la salvación cristiana. Es una bella invención del cristianismo.
Aurora. Traducción de Pedro González Blanco
Acertaba Linneo cuando dijo:
Si ignoras el nombre de las cosas, desaparece también lo que sabes de ellas.
Tierra de mujeres de María Sánchez tiene fragmentos bellísimos como este:
Nuestro medio rural
necesita otras manos que lo escriban
unas que no pretendan rescatarlo ni ubicarlo
Unas que sepan de la Solana y de la umbría
de la luz y la sombra.
De lo que se escucha
y lo que se intuye.
De lo que tiembla
y lo que no se nombra.
Una narrativa que descanse en las huellas.
En las huellas de todas esas que se rompieron las alpargatas
pisando y trabajando
a la sombra
sin hacer ruido
y que siguen solas
esperando que alguien nos reconozca
y comience a nombrarlas
para existir.
168. Un modelo.- ¿Qué es lo que me gusta de Tucídides y hace que lo tenga en mayor estima que a Platón? Todo lo típico en el hombre y en los acontecimientos le inspira un placer grande y desinteresado; en cada tipo encuentra cierta cantidad de sentido común; lo que quiere descubrir es el buen sentido. Tiene más justicia práctica que Platón; no calumnia ni empequeñece a los hombres que no le agradan o que le han hecho daño en la vida. Por el contrario, agrega e introduce algo de grande en todas las cosas y en todas las personas, al no ver en ellas más que tipos. Lo mismo había de hacer la posteridad, a quien dedica su obra, con lo que no es típico. De este modo, la cultura del conocimiento desinteresado del mundo llega en él, en el pensador-hombre, a una eflorescencia maravillosa. Esa cultura tuvo su poeta en Sófocles, su hombre de Estado en Pericles, su médico en Hipócrates, su sabio naturalista en Demócrito; esa cultura merece ser bautizada con el nombre de sus maestros los sofistas; y desgraciadamente, desde el momento de su bautismo, empieza a volverse de repente pálida e incomprensible para nosotros, pues desde entonces sospechamos que esa cultura, combatida por Platón y por todas las escuelas socráticas, debía ser muy inmoral. La verdad es que en este caso, tan complicada y tan intrincada, que se nos resiste el desenredarla. ! Que el antiguo error entre (error veritate simplicior) siga su antiguo camino!
Aurora (Friedrich Nietzsche). José J. de Planeta, Editor. Traducción de Pedro González Blanco.