Archivo de la categoría: Poesía

Tierra de luz blanda

Tierra de luz blanda (Ezequías Blanco)

La enfermedad está tan presente en nuestro día a día como lo está en la literatura. Ezequías Blanco describe una situación personal, que le abocó a un hospital, a lo largo y ancho de 38 poemas. Vive el poeta para contarlo o para poemarlo, con poemas de títulos tan explícitos como Dolor, Gotero, Fiebre, La cama, Drenaje, Quirófano, Anestesia, que dejan poco espacio para dilatar la imaginación y donde el poema consiste en dar grosor a la palabra enunciada en el título. Lo que prima es la euforia, del que se sabe sino sano sí vivo y eso conduce la mirada a la belleza del ser y del estar, tras la convalecencia, después de haber practicado durante días la imperativa horizontal, tras verse ramificado por toda clases de tubos que salen de su cuerpo; raíces que no deben enraízar. Los sentidos adormecidos, anulados, puestos en suspenso, fiado todo al pensamiento, el constructor de mundos. El ímpetu, los bríos, la energía, todo ello drenado: un objeto que se puede ver pero no tocar. El poeta ruge y suelta entonces un endecasílabo Tu alma es un pozo oscuro entre las sombras. Pero la sombra muda en luz y el pozo no es tal, cuando lo asole la esperanza, a lomos de la belleza, aquel amante furtivo e inasible.

El poeta vuelve al camino, a la carretera, al papel, recosido, reparado, renacido; una amalgama de jirones que levantan acta de una vida mellada. Si la literatura alivia, si es un bálsamo de Fierabrás o no, lo desconozco, tanto como si este libro estará a mano de cuantos ahora se vean obligados a pisar un hospital y no tengan la mente ni el cuerpo para ladrillos bestsellericos y prefieran algo más ligero, más portátil, más sentido. Un fruto maduro de la experiencia.

Me llama la atención (aunque visto el percal que manejamos en la lectura no debiera) que el autor dedique su poemario a un doctor y a una doctora.

Los libros del Mississippi. 2020. 60 páginas

Primeras voluntades (José María Micó)

Primeras voluntades (José María Micó)

Acantilado llega a su título 400 merced a Primeras voluntades, que recoge la poesía completa de José María Micó. Conocía la labor ensayística de Micó, tras haber leído y disfrutado Para entender a Góngora y sentía curiosidad por su faceta poética, por ver qué era capaz de segregar o reverberar la persona que ha dedicado muchos años de su vida a traducir a Dante, a Ariosto, o al estudio durante décadas de Góngora.

Lo que tenemos delante, esta materia viva que hormiguea sobre el papel, es aquello que no he podido, o no he querido dejar de escribir, nos dice Micó. Las cosas están mal pero seguiré escribiendo se afirma en un poema. No evitarás morir, pero has escrito, sirve para clausurar una sucinta biografía. La escritura se entiende por tanto una necesidad, un medio, un durante, un sentido, un latir mientras dure la vida en estos poemas que son un canto a la misma. Estoy vivo se dice en uno de ellos. Parece trivial, pero es ese aliento vital (y siempre presente por tanto la muerte (los asesinados en Atocha), el final), el deseo impetuoso, la ciencia fricción del amor, lo que menudea en los poemas, que irán alternando en los poemarios lo arcaico y lo presente, con un lenguaje cuidado, pulido, preciso, vibrante, que unas veces busca la rima -y aquí es menester ceder la palabra a Valle-Inclán: La rima junta en un verso la emoción de otro verso con el cual concierta: Hace una suma, y si no logra anular el tiempo, lo encierra y lo aquilata en el instante de una palabra, de una sílaba, de un sonido. El concepto sigue siendo obra de todas las palabras, está diluido en la estrofa, pero la emoción se concita y vive en aquellas palabras que contienen un tesoro de emociones en la simetría de sus letras– y otras no, pero dotados, en todo caso los poemas de la pretendida sonoridad melódica.
La riqueza lingüística se expande en castellano, italiano y catalán (en un poema titulado Ausías March) y resulta curioso cómo de la vuelta de un congreso, más que conocimientos sobre el autor objeto de estudio, lo que se obtiene es una mayor experiencia sobre la melancolía consecuencia de la partida y la separación.
Divieto di sosta son 21 poemas portátiles que suceden en Italia, convertido el lector en la sombra del viajero ora por Verona ora por Nápoles. Otro tanto sucede en Momentos en el que los poemas marran cada lapso horario de un caminante errabundo comprado su destino con las monedas de la soledad.
Donde mejor luce -y luce a menudo, como en el soneto a Sabina– el ingenio y el humor (incluso il ticchettare del suo buonumore) aquilatados por un lenguaje que banderillea al texto como a un astao el rejoneador, es en Retabillo de la Transición Española. Mención también para la guerra civil española proyectada de forma oblicua, para evocar así al familiar Francisco Gómez Cuellar ejecutado a los treinta de un tiro de fusil.

A lomos de los poemas de Micó uno asume, como ya dijera alguien antes, que La poesía es un alma cargada de futuro. Si los clásicos resisten varias lecturas estos poemas también.

Acantilado. 2020. 266 páginas

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kapital (Adolfo García Ortega)

Venía de la biblioteca leyendo por la calle un libro, Kapital, de poesía, qué importante son aquí las comas, y el relato de los hechos, en un ramalazo autobiográfico, es que sin venir a cuento, o mejor, viniendo, y a la altura de la Letanía de los retrógrados me empecé a reír, repitiendo una y otra vez entre bisbiseos Volved al pasado, captando así las miradas de la gente que al ver a un fulano andando por la calle, leyendo un libro a media voz y riéndose, generaba en su mirar una estampa no sé si aterradora pero cuando menos curiosa, y a medida que iba leyendo, jugándomela en cada paso de cebra, me extrañaba el aire de levedad de lo leído, el poco empeño por lo literario, de quien por las siglas de las siglas llamaremos A.G.O, como alguien que va camino de estar de vuelta de todo y pisotea las flores clamando La **** está sobrevalorada y cargando las tintas po(l)émicas contra los políticos, directivos televisivos, escritores infantilizados, la sociedad consumista, Trump, los reyes, la muchedumbre parlamentaria y un largo etcétera, sabiéndose a estas harturas de la película zorro viejo que no sabe nada o no sirve de nada saber, que todas las biografías las alienta el vacío, un vientecillo del más allá, en estos poemas que repiten las palabras como letanías, menos rimas que rimeros, que destierran los arabescos para arañar el papel con sacrilegios consensuados, con marbetes marca de la casa, destilando una bilis algodonosa si tal es concebible y cómo arranca el libro es la pregunta que toca en este final, pues con algo que cae por su propio peso y que todo aquel que haya manejado la biblia de la literatura sabe: En el principio fue Beckett. Pues eso.

Ya lo dijo Casimiro Parker. 2020. 80 páginas.

Primeras voluntades (José María Micó)

En la ciudad del medio del camino
ya nada mueve el sol y las estrellas.
Tú que poblaste, solo, estas esquinas,
tú que viviste aquí como vivieron
la peste negra y el amor sin mancha,
el fiero jabalí y el león sedente,
vuelves a un suelo que jamás fue tuyo.
Entras en el lugar como otras veces
y preparas de nuevo el fugitivo
y propicio consuelo que te aguarda
en la posteridad del alimento.
Subes una vez más a San Miniato.
La luz se descompone en su fachada
y pides la limosna de un recuerdo,
algo sólido y breve que desmienta
tu triste condición de caminante.

Acantilado. Primeras voluntades. 2020