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Presentación de Últimas noticias de la humanidad en Santos Ochoa

Últimas noticias de la humanidad

Hoy 4 de octubre, a las 19,30, en Santos Ochoa de Calvo Sotelo presentaré mi libro de relatos Últimas noticias de la humanidad (Ápeiron ediciones, 2023), acompañado de Jorge Fernández Carracedo.

Os esperamos.

Ya está disponible el vídeo de la presentación.

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Arder de su mano (Diego L. Monachelli)

Nueve relatos conforman Arder de su mano del escritor Diego L. Monachelli, (Mar del Plata, Buenos Aires, 1975) en una edición muy cuidada. Los que aun hoy seguimos leyendo en papel, y entendemos el libro como un objeto estético (además de ético), estamos pues de enhorabuena.

En Gruesas vedettes de antaño, las manos parecen obrar por sí mismas, convertidas en objetos al margen de nuestro gobierno. Con un buen manejo del humor, para plasmar, con un punto delirante, lo inasible que a menudo nos resulta la realidad.

La boca de la noche está recorrido por la distancia que nos separa y nos bifurca, por las ausencias y las despedidas (leo, Cuando alguien parte, uno también se va un poco; nos lleva sin estar); la desconfianza incluso hacia el género, hacia la masa de carne ovillada bajo las sábanas al despertar, alimentado el texto de una prosa evocadora, poética, La noche es una boca abierta que extiende su lengua de rieles… o Entregarte al simple reclamo de la entrega, así como ahora trepa el aliento de las lilas a la fatiga de tu desvelo.

Los ciclistas nocturnos es el segundo relato más largo. Una etapa reina del tour. Me recordaba a novelas como A bordo del naufragio o Un hombre que duerme, quizás porque aquí el protagonista es también un joven desnortado, con un trabajo que no le gusta y con un porvenir que recela si vendrá, que al ver una noche a una pareja en bicicleta, ella de pie sobre la bici, visualiza algo parecido al ideal, que quizás sea el nomadismo, el escozor y liberación de la huida, la imperiosa necesidad de romper con todo, incluso de hacerse añicos para comenzarte de nuevo.

Arder de su mano tiene el efecto de la detonación, la semilla que principia el libro, con la cita de Juarroz, la de ese salto que sea como un incendio que consuma el espacio y no haya nada adonde volver. El título del relato casa con la deshumanización del personaje, con el espacio físico de una pareja, en donde aún no era el silencio una patria. Pero lo acabaría siendo, pasto de la incomunicación.

La encrucijada de mis huesos es una pieza de cámara, el cuadrilátero del colchón, la realidad ahí concentrada con la pesadez y la animalidad del sueño. La presencia de la iglesia de Santiago o El León Dormido es una topografía conocida para un logroñés, en estos textos que pendulean entre Argentina y España. El contrapeso es la mujer que mira y admira, recorrida por los ojos amorosos. Ella que no sabe que La vida es un tigre que duerme a sus pies y que un día despertará para beber las lágrimas de la mañana.

Solo un árbol es la trama de la realidad a través de las palabras sugeridas, un árbol, un nogal y luego un perro, y el cielo, y una soga, los pies descalzos y el misterio…

La asimetría de los deseos es un relato misterioso que no tengo claro si juega con la idea del Doppelgänger, donde el recuerdo da paso a la invención; si la mujer que está en la cama es también una fantasmagoría, si el protagonista logrará como Alicia cruzar el espejo o bien reventará en el impacto.

Todo eran botellas lo leo como una micronovela. Es la exaltación de la amistad entre el narrador y su amigo sordo Marcel, al que el padre alcohólico le zurra (el ojo en compota). Relato que no da tregua a la pareja de jóvenes chatarreros, acarreadores de botellas, habitando lejos de las calles de los ricos (Desde ahí se veía clarito el techo de su casa. Entre la antena, las piedras, las maderas y todas las porquerías que tenía encima para que no se volaran las chapas), cambiando continuamente de ambiente, ya sea un cementerio, en el que el narrador refiere cómo se quedó encerrado mientras se entregaba a la vida sexual con una de las novias de entonces, o los bajos fondos, con personajes como El Chueco, El Violín, El Turco o El Negro. El narrador siempre de palique con Marcel, refiriéndole historias que para él son como pensar en voz alta. En ese mundo, en ese momento, reina, a pesar de los pesares, para ellos dos, la alegría, la banda sonora de la pareja protagonista es el chirrido de la bici y nuestros ruidos de risa. También los sonidos de las reses que llegaban para morir.
Aunque como contrapeso a tanta risa y alegría, también cabe la duda de si no será mejor dormir y no despertar ya nunca, para ya siempre soñando. Como deberes para el lector que no sea del cono sur, habrá de buscar en el diccionario las siguientes palabras: Guacha, chinchudo, bacanes, chirolas, tachero, candombe, morfás…. Y así, si nos aplicamos, iremos enriqueciendo nuestro léxico.

Escatología de los timbres o Epílogo de las intromisiones prologares es el último relato. Como comentaba al comienzo, Diego maneja distintas temáticas, y esta variedad resulta muy sugerente a la hora de leer. Es el relato más extenso. Acontece en una comunidad de vecinos. Veremos lo que sucede detrás de siete de las puertas del inmueble. En los pisos séptimo, sexto y quinto. Cuando las paredes son de papel, lo cual sucede muy a menudo en nuestros lares, todo se escucha, y un timbrazo aún más. Diego despliega buenas dosis de humor e imaginación para ir alimentando esta particular 13, Rue del Percebe, por buscar un referente cómic(o). Y todo comienzo con alguien que quiere volarse la tapa de los sesos para seguir luego con las melancolías de la edad, las infidelidades conyugales, el mal destino llamando a la puerta equivocada, el timbrazo en el 5ºB convertido en vórtice.

En resumen, Diego ofrece en sus plausibles relatos distintas temáticas con un lenguaje cuidado, sugerente y evocador; relatos en los que hallo mucha literatura y oficio, también una voluntad por rehuir lo explícito para obligar al lector a comprometerse con una lectura que debe ser activa y que no está exenta de riesgos, cuando no sabemos bien qué firme pisamos, en la frontera siempre lábil entre el sueño y la vigilia, la realidad y la irrealidad, la imaginación y el recuerdo.

Reseña de Últimas noticias de la humanidad en Saltus Altus

El escritor, investigador y crítico literario Manuel Fernández Labrada reseña en su indispensable blog literario Saltus Altus Últimas noticias de la humanidad.

Gracias por una reseña tan extensa, prolija, y generosa. Que un manuscrito se convierta en libro ya es un milagro. Que el libro una vez editado encuentre al lector y sea así leído ya es el sumun.

La reseña dice así:

Últimas noticias de la humanidad Ya se sabe que las noticias son casi siempre malas. Basta con echar un vistazo a los titulares de los periódicos o encender la televisión para comprobarlo. Y las que corresponden a la humanidad y sus amenazados valores sospechamos que serán tal vez peores. Si no hubiéramos leído antes Muerto de risa o Die Zweisamkeit, abriríamos este nuevo libro de Francisco Hermoso de Mendoza, Últimas noticias de la humanidad (Ápeiron, 2023), con el ánimo algo encogido. O como mínimo, en alerta. ¿No nos hacen sufrir ya bastante los locutores de los telediarios? Pero sabiendo cómo se las gasta el autor intuimos que las cosas no llegarán nunca a ponerse demasiado feas, o al menos vendrán acompañadas por ese sano humor que todo lo suaviza y nos ayuda a tragar de buena gana hasta las píldoras más amargas. Que de eso se trata en literatura. A diferencia de los anteriores trabajos del logroñés, Últimas noticias de la humanidad nos ofrece un conjunto de quince relatos, un amplio abanico de propuestas narrativas fraguadas en formas y registros muy diversos. El libro alcanza una unidad que es suma y equilibrio de fuerzas contrapuestas: lo cómico y lo serio, lo coloquial y lo experimental, lo breve y lo extenso, lo simple y lo complejo: testimonio de la amplia variedad de intereses que preocupan a Hermoso de Mendoza. Su proyectada síntesis de humor, sentimiento y reflexión ha sido felizmente alcanzada.

Basta con leer el breve relato que abre el libro para comprobar el saludable estado de la humanidad y sus valores; o cuando menos, en algunos dominios. Elaborado a partir de los recuerdos de un niño, Ausencias narra con brevedad una emotiva escena familiar de duelo, sencilla y bella a la par. Menos halagüeño, en la falta de humanidad que su condensada trama evidencia, se nos manifiesta el segundo de los relatos, Muerte en reversa: una minificción de corte experimental donde el drama de la inmigración ilegal puede leerse también ―como la melodía de un canon retrógrado― principiando por su final, tal como si el trágico fin del emigrante protagonista estuviera ya prefigurado desde su nacimiento. «En mi comienzo está mi final», que diría T. S. Eliot. Últimas noticias de la humanidad, el relato que da título al libro, es una breve pintura de una sociedad futura volcada hacia el consumismo extremo (conshumanía), feliz muestra de cómo Hermoso de Mendoza sabe mezclar lo serio y lo cómico. Aunque el progreso ha avanzado en casi todos los frentes ―menos en la abolición de las clases sociales y sus desigualdades―, la única nota reivindicativa parecen darla… ¡los calvos!: pacientes sufridores de una carencia pilosa que hasta la fecha la ciencia no se ha sabido o no ha querido resolver. Quizás en los marginados pocopelo aliente la última esperanza de la humanidad, la única fuerza reivindicativa aún no anestesiada por el consumismo más autocomplaciente. Con esta especie de anticlímax, tan propia del autor (¡no nos vayamos a poner demasiado estupendos!), se conjuga la gravedad de una pintura distópica, casi apocalíptica, con la broma un tanto surrealista de los calvorotas. Plenamente inmerso ya en el humor y la ironía descubrimos En las antípodas, un divertido relato ambientado en un rincón perdido de esa España vaciada de la que tanto se habla (y por la que tan poco se hace). La llegada de un vendedor de telefonía móvil, que parlotea por su terminal en las desamuebladas calles de la aldea, produce un impacto comparable al que provocaría el desembarco de un extraterrestre en plena Gran Vía. Aquí la ficción queda reducida a esa santa inocencia digital de los lugareños (¡que Dios se la conserve muchos años!).

Como cabía esperar, podemos distinguir en Últimas noticias de la humanidad un grupo de relatos que tienen como asunto principal la propia literatura, habitual seña de identidad en la narrativa de Hermoso de Mendoza. Como sucedía con la famosa partitura de John Cage (4’33»), donde lo importante eran los comentarios del público escandalizado (y no los cuatro minutos y pico de silencios al piano), la obscena exhibición de un libro en un parque público (Diario de una lectura) provoca una lectura salpicada de comentarios: una performance en la que una novela de Alberto Olmos semeja una partitura de música aleatoria cuya simple exposición genera un segundo texto: el propio relato. Si leer un libro en la calle es ya una provocación mayúscula (casi tanto como sacar el paraguas en día soleado), exteriorizar mediante la risa que te lo estás pasando bien es mucho más grave. ¡Como si la lectura no fuera un castigo superado de la escuela que es preciso olvidar! La broma infinita es una reflexión fabulada sobre la tradicional disyuntiva entre imitación y originalidad; sobre el juego de lo verdadero y lo falso como valores artísticos polivalentes. También de la credulidad y pereza de los lectores, capaces de tomarse como cierto un desaforado ejercicio experimental consistente en presentar lo propio como ajeno, lo original como plagiado. Ya no se trata solo de que los lectores sean hipócritas, como aventuraba Baudelaire, sino que también son… ¡Es que se lo creen todo! La sublimación del amor sólido es una parodia del reencuentro de Odiseo con Penélope: una situación que, desde nuestra desencantada perspectiva moderna, parece pedir a gritos la burla desmitificadora. Vestida con ropajes inadecuados y acosada por las redes sociales y el Photoshop, la madera de héroe se disgrega con la rapidez de un plástico compostable de última generación. El que Argos no reconociera a su dueño, siquiera por el olfato, daba ya muy mala espina de su condición heroica. Incluso en un relato de aparente corte erótico, como es ¿Un gran malentendido?, el componente metaliterario se muestra decisivo en la resolución del enigma que se plantea al lector. Uno de esos acertijos binarios, en apariencia sencillos, pero imposibles de resolver. Comparable al que se presentaba en el célebre relato de Stockton, ¿La dama o el tigre? Por muchas vueltas que le demos no saldremos de dudas. ¿El protagonista es un asesino en potencia o un bromista que se pasa de listo? La clave parece estar en la combinación de una sonata de Beethoven con un personaje de Tolstói. El peligro, en pasarse de listo. Así le ocurre a la protagonista. A veces es mejor saber menos.

También es discernible, en Últimas noticias de la humanidad, un conjunto de relatos donde las rutinas del hogar se subliman con el concurso de la imaginación, de tal manera que se produce una tensión entre vida y ficción, entre lo cotidiano y lo imaginario. La vida familiar, con su plétora de sucesos variopintos, puede convertirse en un inesperado acelerador de partículas imaginativas que nutren al narrador. Es el caso de la fantasía ecuestre que entretiene a un padre que oficia de caballito para su hijo, mientras la sombra del futuro móvil que el niño le exigirá en breve proyecta en su caletre una sombra de sospecha (¿o de esperanza?) sobre el futuro de la relación familiar (Esta tierra es tu tierra). O las fantasías sexuales de un marido en el restaurante, al que los sucesivos platos de un suculento menú le hacen perder el norte y montarse una película erótica de intercambio de parejas difícilmente realizable (La ocasión). Hasta en el torpe y cómico batacazo de un padre de familia (mientras no se demuestre lo contrario, caerse siempre es un acreditado motivo de risa), armado con la zapatilla sancionadora, podemos ver una especie de sublimación ―modo pictórico― de una entrañable escena familiar de otros tiempos, cuando a los niños se les pegaba «por su propio bien» (Saturno devorado por sus hijos). Una caída muy oportuna que no solo libra a los niños de un castigo humillante, sino también al autor de incurrir en la incorrección política. Reconozcámosle al progenitor, sin embargo, el mérito de no haberse acogido al tradicional resabio machista según el cual los padres atizaban con la correa y las madres con la zapatilla (creo que fue Afrodita la primera que se quitó la sandalia para sacudirle al indócil de Eros). Leyendo esta divertida minificción, algún lector quizás recuerde ese curioso cuento de Saramago en el que un anciano se caía, como a cámara lenta, de su silla. Prodigios de la imaginación. ¡O fabular o morir!

Jalonando a intervalos regulares los otros relatos que integran el volumen, Hermoso de Mendoza sitúa tres textos notablemente más extensos y de mayor densidad. Son algo así como los contrafuertes que sustentan el libro, contrapesando quizás la brevedad de las otras ficciones. Los tres tienen en común el de poner en escena diferentes figuras de huida ante una realidad que no se desea o no se puede enfrentar: el prófugo, el suicida y el mendigo voluntario. El primero de ellos, El espumillón de los días, tiene las apariencias de un relato de intriga, aunque trufado de ironía y de esas referencias literarias tan apreciadas por su autor. Es la historia de una huida protagonizada por un personaje que se autodefine como «figurante» que siempre «va de relleno y sin frase». ¡Vamos, un perdedor! Su aparente mala conciencia se nos revela como la consecuencia de un carácter indeciso y pusilánime. El relato, que tiene como uno de sus principales valores el de mantenernos prendidos de una deriva argumental imprevisible, puede entenderse también como una advertencia ética: no enfrentarnos a la realidad nos convertirá en exilados permanentes. En un registro muy distinto, La pasión de Marta nos brinda una verdadera sinfonía de sentimientos. En ningún otro texto manifiesta Hermoso de Mendoza un mayor empeño por bucear en la compleja humanidad de sus personajes: un elaborado alarde introspectivo, proyectado hacia el pasado, que pretende arrojar luz sobre un drama del presente. Cierra el volumen +Low, el relato tal vez más original y ambicioso del libro. Partícipe del medio familiar evocado en anteriores historias, narra la peripecia de una adolescente emancipada, Heloísa, que cumplidos los dieciocho años se lanza a la calle para abrazar la profesión de indigente, dando así entrada en su relato a una curiosa galería de personajes, como Román o Macario, protagonistas de historias un tanto estrafalarias, ciertamente dramáticas, pero contadas con un punto de ironía. El cartón en se asienta esta joven aprendiza de Diógenes no tarda en convertirse en un mirador donde no solo observa, sino también lee, escucha o incluso escribe aforismos. El resultado es un variado y estimulante mosaico de textos que modulan las mil voces del desencanto y la pobreza. Y así hasta que aparece el relevo y toca «volver a la retaguardia». ¿Pero no será más bien a la vanguardia? Cuestión de opiniones. «El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña».

Reseña de Manuel Fernández Labrada

Esta reseña también puedes leerla en El cuaderno

«Había amanecido hacía un buen rato cuando, sin apenas advertirlo, una mancha en el horizonte se convirtió en una embarcación a la que subiría atontado y mosqueado minutos después, como si aquel desenlace no fuera el previsto, y el pasar de estar a la deriva a encontrarme a salvo llegara a contrariarme, ante la idea de ver empequeñecida mi posible gesta presente, jibarizada a una anécdota mínima futura.»

«Suena una canción moderna en el artilugio. Más que cantar parece que el cantante o la cantante, no es fácil saber el género, mordiese las palabras, las fuera masticando, al tiempo que se le fueran escurriendo algunas letras por la comisura de la boca. No tienen los allá presentes cuerpo ni edad para bailables.»