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Vacaciones playeras en el Cantábrico

A la hora de buscar un lugar playero en España las opciones son múltiples; pueden ser las Islas Canarias o las Baleares, el Mar Mediterráneo, el Atlántico o el Cantábrico. Finalmente optamos por esta última opción. Lo que tiene este mar es que nunca sabes si te hará bueno más de un par de días seguidos, de ahí que si vas al norte siempre estás con la duda y ahora que en internet puedes consultar la previsión meteorológica a siete e incluso a 14 días, todo es una incertidumbre constante.

Vista aérea del pueblo de Getaria.

Vista aérea de Getaria

De todas las provincias situadas en el cantábrico, nos decantamos por el País Vasco, por la localidad de Getaria, en concreto. Ahora que hay autovía entre Logroño y Pamplona ir a Getaria es un paseo, ni siquiera dos horas de trayecto y menos de dos euros de autopista entre San Sebastián y Zarautz, donde se deja la autopista para hacer los cuatro kilómetros que separan Zarautz de Getaria por una espectacular carretera al borde del mar, que recomiendo a todo el mundo que esté por los alrededores.
La oferta hotelera de Getaria es mínima. Que yo sepa solo hay dos hoteles; el Saiaz Getaria y el Itxas Gain. A eso hay que sumar alguna pensión como el Guetariano, y algún otro restaurante que también ofrece alojamiento.
En las montañas próximas a Getaria sí que hay unas cuantas casas rurales, pero entonces hay que hacer uso del coche, y si prima la comodidad lo mejor es estar ubicado en el centro del pueblo.

El Itxas Gain, es un hotel de una estrella, que únicamente ofrece servicio de desayuno (a razón de cinco euros). Está pegado a la carretera, de ahí que se oiga bastante el ruido de las motos, coches y camiones que desfilan por la misma. Sin aire acondicionado en las habitaciones, cuando atiza el calor, se suda la gota gorda. Lo mejor sin lugar a dudas son el impagable trato que ofrece su propietaria, las vistas al mar y su ubicación, al lado mismo del ayuntamiento, a cinco minutos andando de la playa y a tres minutos de restaurantes como Kaipe, Txoko o May Flower y enfrente mismo del Restaurante Elkano. A un paso también del frontón y de tabernas como el Politena (Kale Nagusia, 9 tfno 943 140113 begin_of_the_skype_highlighting              943 140113      end_of_the_skype_highlighting) cuya barra nada tiene que envidiar a los locales donostiarras en materia de pintxos y unos bocatas que te resuelven la cena, del tamaño de medio brazo femenino.

Politena donde tomar buenos pinchos en Getaria

Hay en Getaria dos playas, una en mar abierto, donde van quienes practican el surf y otra más tranquila donde van las familias. No estaban atestadas de gente, y a las ocho de la mañana no había que ir corriendo a poner la sombrilla como en Benidorm, y hasta las once y pico no empezaba a poblarse. Las aguas estaban tranquilas y limpias y ondeó la bandera verde.

Vista del entorno que circunda la playa. Como se ve no se han producido desmanes urbanísticos de ahí que haya unas pocas casas frente a la playa y mucho verde.

Playa salvaje

Plaza de Getaria

A la vera de la felicidad. Si la felicidad existe, es algo parecido a esto.

Gozando en la playa

Comer pescado Getaria es una obligación o un delito no hacerlo. Los pescados los hacían a la brasa enfrente tuyo; doradas, lubinas, chipirones, sardinas, chicharros, etc. La vista al mar, excepcional.

España
jugó (y ganó) la semifinal el siete de Julio, San Fermín y en Getaria no vi ni una sola camiseta de la selección, tampoco gorras, banderas, caras pintadas, absolutamente nada de la escenografía nacional típica en cualquier ciudad de España. Tampoco oí ningún comentario sobre el partido las horas precedentes. Cuando acabó el partido no hubo sonar de claxon, ni gente en las calles celebrándolo, únicamente calma chicha. Me resultó raro, muy raro, porque si te vas al extranjero siempre encontrarás algún emigrante español que eche de menos su tierra y anime a su selección (como le sucedió a colegas que residen en Alemania e Irlanda), pero en esta porción de tierra guipuzcoana, al menos de puertas para fuera (habrá que ver si luego no estaría todo el mundo viendo el partido en su casa, en silencio), la selección española y sus éxitos parecía importarles a todo el mundo un pito o una vuvuzela, como prefieran, algo comprensible a la vista de que en las últimas elecciones de las 1000 personas que votaron, entre el PP y el PSOE sumaron 54 votos y cero escaños, repartiéndose los demás votos entre fuerzas nacionalistas que niegan que el País Vasco forme parte de España, siendo partidos soberanistas como son EAJ-PNV, ARALAR, EA.

Monumento dedicado a Elkano

Unas buenas vistas de Getaria, el mar e incluso de Zarautz en lontananza, se obtienen desde el mausoleo homenaje a Elkano, que se encuentra en la entrada al pueblo, al lado de la carretera. Es un mazacote de piedra, de libre entrada, desde el que se divisa la playa, el monte conocido como el ratón, la Iglesia de San Salvador, el Ayuntamiento y otros edificios insignes de la ciudad.

El ratón de Getaria y la Iglesia de San Salvador

Kale Nagusia Getaria con la Iglesia de San Salvador al fondo

La atractiva oferta gastronómica de Getaria, con sus pescados a la brasa, hacen de este pueblo un peregrinaje de franceses. Un día nos vimos sentados comiendo fuera del May Flower, y a nuestro alrededor unas diez meses ocupadas con galos. Lo entiendo, porque nosotros cruzamos también la frontera para ir a San Juan de Luz, y si bien la playa nada tiene que envidiar a la de Zarautz, comimos mejor en Getaria que en San Juan.

Animada plaza en el centro de San Juan de Luz

Viaje por Madrid Lerma Aranda de Duero restaurantes bares turismo activo

No había recalado en Madrid para pernoctar más de una noche, sino que siempre había sido una ciudad de paso, a no ser por el viaje de estudios que hicimos en 8º de EGB, donde me recuerdo tirando de remo en una barca de El Retiro, aunque bien pudiera tratarse de una ensoñación.

Aprovechando las fiestas de San Bernabé en Logroño, con cinco días de fiesta, ir a Madrid se presentaba como una muy buena opción vacacional.

San Bernabé fiestas Logroño 2010

Antes de ir a Madrid recalamos en la ciudad de Lerma, un miércoles. Había ese día en la plaza mercadillo con venta de ropa, quesos, frutas, embutidos (inclusive cecina de burro), etc, y probamos unas cerezas deliciosas (sin ningún tipo de tratamiento químico según nos contó quien nos las vendió). En la plaza está el Parador, majestuoso edificio, con las plazas de aparcamiento plenas de matrículas de coches franceses. En la plaza, un par de tiendas de gourmet, paraíso del sibarita. El Parador es un edificio majestuso, apabullante, basta ver la foto que tomé para entender lo que digo.

Parador de Lerma

Si estás en Lerma es casi obligatorio meterte para el cuerpo un Lechazo al Horno de piedra, así que en el Asador de Lerma (Plaza Mayor, 11), nos ventilamos un menú especial para 2 (a razón de 32 euros por persona), con unos entrantes de morcilla y choricito y 1/4 de lechazo con guarnición de ensalada y regada por un vino de la tierra, con un helado de postre. La pega es que en el local no hay ni tronas ni sillitas para bebés, así que o estos van dormidos, o son tranquilitos y aguantan un buen rato en la sillita pensando en las musarañas o jugando con una servilleta, o lo que es más habitual acaban en las rodillas de los progenitores, dándoles las comida.

Lechazo al horno en el asador de Lerma

Tras la opípara comida era menester ejercitar los músculos. Caminamos hasta la entrada de la muralla, donde ahora está instalada una denominación de origen de vinos de la zona, y luego hasta la iglesia, que queda en un alto y ofrece una buena vista desde la que otear el horizonte que mostraba un cielo encapotado que amenazaba lluvia. La casa rural elegida para pernoctar fue El Zaguán. La pareja que lo lleva es de lo más amigable y generosa.

Esta es lo que uno ve cuando sale de la Casa Rural

Casa Rural El Zaguán

Lerma El miércoles tras volver de dar una vuelta de Burgos, que queda a 40 km de Lerma (apenas 20 minutos por la autovía), al disponernos a echar un bocado del embutido que habíamos comprado, nos ofrecieron unas chuletillas, morcilla, tortilla, una botella de vino, ya que habían preparado comida a la brasa para unos clientes. Al día siguiente el desayuno, fue de lo más copioso; huevos fritos, platos de jamón serrano, pan tostado, mantequilla, zumo, cafe, pastas, etc. Merece la pena pues contratar el desayuno. El alojamiento no es low-cost, pero habida cuenta de como es la Casa Rural y la habitación; una duplex, con dos plantas, con capacidad para matrimonio hija y cuna, por poco más de 100 eurracos, no se me antojó excesivo. La casa estaba a tope porque hay un campo de Golf en Lerma y atrae a mucha gente de fuera. Me quedé con ganas de ver la bodega (una razón para volver).

El zaguán

El jueves, tras desayunar y meter todo en el coche, que tenía más pinta de encaminarnos a Tarifa a cruzar el estrecho, que de ir a la Villa de Madrid, porque no podíamos llevar más cosas encima, nos pusimos en ruta. El navegador es un invento, sobre todo para quien es capaz de perderse en un Ikea. Así que programamos la dirección de la pensión Bruña y en menos de dos horas llegamos a nuestro destino. La pensión Bruña, está ubicada en la Calle Moratín 50 frente al Museo del Prado, paralela a la calle Huertas, a un paso del Congreso de los Diputados y a un cuarto de hora de La Puerta del Sol.

Pensión Bruña Calle Moratín 50

Encontrar aparcamiento en la zona es misión imposible, así que el hecho de que en la pensión nos ofrecieran ocupar su plaza de garage en la calle Gobernador, a unos 250 metros de la pensión a razón de 20 euros día, nos pareció estupendo. Dejamos el coche allí y no lo tocamos hasta que nos fuimos el domingo. Los que regentan la pensión tienen un piso en la planta baja, y otro en la primera. En la planta baja nos alojamos en un apartamento, con su baño, vestíbulo-salón y habitación espaciosa con cama de matrimonio otra individual y espacio de sobra para montar una cuna. La habitación estaba limpísima y nos resultó muy confortable. A pesar de que la ventana de la habitación y la de la cocina dan a la calle, no fue especialmente ruidosa, al menos esos días de junio (desconozco lo que será en julio y agosto). Solo se oía el motor de alguna moto a todo gas, o alguien que pasaba hablando algo más alto de lo normal. En ese piso había también habitaciones triples y otras con cama de matrimonio e individual. El precio es muy razonable (70 euros el apartamento y 60 las otras habitaciones).

Taberna Maceiras comida gallega en la Calle HuertasMenú Taberna maceiras en madera

La calle Huertas es un edén gastronómico, hay un alud de restaurantes, todos diferentes. Ese día comimos en la taberna Maceiras (taberna pulpería C/Huertas 66), un restaurante de comida gallega, que fue un exitazo, pues por unos 60 euros, comimos un plato de navajas a la plancha, lacón con patas, caldo gallego, merluza rellena, guiso de pulpo con arroz, calamares a la romana, pan, agua de mondarzi, y dos birritas Estrella de Galicia. Estaba todo de muerte súbita, buenísimo. El local cuando llegamos a la una y media estaba vacío pero diez minutos después no cabía un alma en pena. Las mesas son de madera y no hay sillas, sino taburetes de madera. El servicio es atento y calidad precio es una opción muy recomendable.

Carta Restaurante FeténEn una calle perpendicular a Huertas hay otra Maceiras, el primero se ve, y ante el éxito del mismo han abierto este más espacioso. Un poco más arriba de Maceiras hay un establecimiento de comida vegetariana con cosas muy apetitosas para quien guste de este comida. Te cobran al peso. Allí tenían la leche El Buen pastor ecológica. Al día siguiente comimos el menú en el Restaurante Fetén, y no salimos tan contentos. Ese día estuvimos solos en el restaurante. No tenían al igual que Maceiras tronas ni sillas para bebés. Nos pusieron un san jacobo que era todo una masa de rebozado y un salmorejo que parecía un puré, la trucha estaba estopuda, muy poco jugosa. El menú no superaba los diez euros. Si eres de los que disfrutan comiendo, la calle Huerta te ofrece también comida Hindú, árabe, italiana, etc.

Este aspecto mostraba la calle Huertas el sábado a las 11 de la mañana Calle Huertas desierta a las 11 de la mañanaEdificio Okupa próximo a calle Huertas
Próximo a Huertas, en un calle perpendicular, vi este inmueble, antiguo edificio de huéspedes, donde ahora hay okupas

En cuanto al papeo y el bebercio apuntar que nos dejamos caer por el Café Gijón, cita obligada de todo aquel que sea un amante de la lectura, y quiera tomar asiento donde los grandes literatos se reunían para verse. El local me pareció ramplón. Un señor te acompaña a la mesa, otro te toma el pedido y luego te meten la pala cristiana, pues por una San Miguel 1526, te cobran más de seis euros, cinco y pico por un café. El sitio estaba lleno de turistas como nosotros. Otros lugares tienen un aura especial, o quizá sea que uno va sugestionado y percibe lo que quiere pero yo en el Gijón no sentí nada de nada, solo que salimos de allí con el bolsillo algo más ligero y sin ganas de repetir visita. El Café queda por la zona del Paseo Recoletos, y próximo a Chueca, así que nos acercamos a la Bardemcilla, regentado por los Bardem. En el local no vimos a ningún famoso (sí mucha chica mona) que parece que es lo que vamos todos los que nos acercamos por allí. Nada en el local hay que lo haga especial, pero el tirón del nombre, hace que esté hasta los topes, de ahí que para cenar haya que reservar por antelación. Sobre la barra, el camarero con una caída de ojos propia de un buen galán, nos dijo que nada de “cortos de cerveza”, solo cañas. O se trató de un despiste o lo hizo a posta, por lo de nuestra petición del corto, o nos consideraría tales, que no nos puso un bol con patatas fritas como a todo Cristo.

Con el tanque lleno de néctar de cebada en el cuerpo, antes de las 10 y tras un pequeño rodeo (por calles con denominación tan singular como “válgame Dios”) porque no dábamos con la calle, que estaba cortada por una valla, que no aparecía en el mapa, estábamos en el restaurante Divina la cocina, un local con decoración pompeyana según rezan las guías de viaje. Iba con un amigo, pero el contexto, habida cuenta del “ambiente”, nos posicionaba como otra pareja más de las muchas que allí estaban comiendo. Nos emplazaron en una mesa pegada a una pared, desde la que pude apreciar con todo lujo de detalles la pintura estuco veneciano. En un espacio de dos metros había cuatro mesas como las nuestras (de un tamaño tan mínimo que cabían dos platos, dos copas, los cubiertos y poco más), así que llevando a cabo la máxima que dice que “el roce hace el cariño”, al lado mío a un tío rubio hablando en inglés le faltaba poco por comerme la oreja mientras se ventilaba su ensalada porque casi sentía su aliento en mis mejillas. Una “mesa corrida”, hubiera sido mejor, hubiera dado más juego, y de paso les permitiría todavía meter más gente en el local, en el que se podía fumar, sazonando el ambiente con un pestazo a tabaco que sumado al aliento del rubiales me comenzaba a crispar. Pedimos el menú, que salía por 20 euros. De primero un plato de tiras de pasta verde con queso manchego y salsa de tomate, servido en estos platos de diseño, enormes, como el sombrero de Don Quijote puesto del revés, donde la comida va en el lugar del cabezorro, con las dimensiones de un huevo Kinder cortado transversalmente. El segundo plato fue más copioso; conejo relleno de espinacas y salsa de almendra. De postre un pastel de dátiles y avellanas con Fray Angelico. Me gustó. El local estaba a rebosar. De allí a la parada de metro de Chueca hay un paso, así que caminamos por la zona y flipé, con los locales que vi; unos restaurantes de diseño muy curiosos, con grandes cristaleras, y las mesas pegadas a las cristales donde el comensal ve la calle y es observado mientras papea. La parada de Metro está plantada en medio de la plaza, que estaba inundada de jóvenes y no tan jóvenes, muchos de ellos practicando botellón. Después de haber estado todo el sábado lloviendo la noche dio una tregua, e incitaba a pasear. Del restaurante a la Gran Vía hay un paseo, y ahora que se celebra el centenario de esta calle, merece la pena hacer una caminata nocturna admirando la majestuosidad de los edificios que la flanquean perfectamente iluminados. Por la calle Montera donde a ambos lados de la misma algunas mujeres hacen la calle, llegamos a la Puerta del Sol, que presentaba un buen caudal de gente. Tras baja por la Calle San Jerónimo nos desviamos luego por la Calle Echegaray. Pasé por delante del Restaurante Donzoko (uno de los mejores restaurantes japoneses según los entendidos), y del Come Prima (italiano muy afamado, Echegaray 27). Era menester restablecer el nivel de líquidos corporales y nada mejor que un cubata, servido en un copazo, aderezado con una rodajita de limón y un buen chorretón de Ron Barceló, por cinco euros, en el bar Echagaray 21. Al aflojar lastre y visitar los baños me sorprendí con los bajos del local, con arcadas de ladrillo. La música que sonaba era la que le molaba al camarero. Quizá fuera el alcohol pero creo que el reproductor no era otra cosa que un teléfono móvil conectado a unos bafles. Echegaray muere en la calle Huertas y próxima queda la Plaza de Santa Ana, donde hay unas cuentas cervecerías que harán las delicias de los amantes del néctar dorado.

Casa Labra Madrid

Probé los afamados buñuelos de bacalao en Casa Labra, local con más de 150 años de antigüedad y segurata en la puerta. Mi tío que fue quien nos llevó hasta allí comenta que cada vez los buñuelos llevan menos bacalao, si bien el precio va al alza. Estaban riquísimos tanto los buñuelos como las croquetas. El local se ve según sales delLa casa de las torrijas Corte Inglés de Preciados. Y si en lugar de buñuelos quieres comerte una torrija, este es tu sitio. Si lo tuyo es el chocolate entonces hay que ir a chocolatería San Ginés, establecimiento centenario.

Chocolatería San Ginés Madrid

Interesante es acercarse una vez que estás en la Plaza Mayor al Mercado de San Miguel, donde también se puede uno echar un tentenpie o hacer alguna compra de alimentos.

Mercado San Miguel
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Para los cerveceros en la Plaza de Santa Ana hay interesantes cervecerías como las de las fotos

Cervecería Santa Ana
Cervecería Santa Ana

En resumen que los cuatro días que pasamos en Madrid, fueron geniales. Me quedan ganas de repetir, de seguir callejeando, de entrar en nuevos restaurantes y tabernas, y poder así disfrutar de una ciudad que se me antoja inigualable.

Jornadas gastronómicas Aranda de DueroDe vuelta para Logroño, paramos a comer en Aranda de Duero. Esos días de Junio se organizaban las jornadas del lechazo al horno, donde siete restaurantes de Aranda, ofrecían por 37 euros un menú, que incluía el lechazo de marras y otras exquisitices. Nosotros nos decantamos por El Roble, y el menú fue más convencional, base de morcilla, croquetas, picadillos de choricillo, y luego el lechazo y de postre un milhojas con crema.

Para bajar la comida nos dimos un paseo por el pueblo, que a las tres de la tarde, festivo y con la chicarrina que hacía, estaba pelado.
Aranda de Duero.

Fuimos a dar con la fabulosa Iglesia gótica de Santa María.

Aranda de Duero Iglesia

Luego antes de ir para casita, un cafecito en la plaza del pueblo

Aranda de Duero plaza del pueblo

Viaje por Madrid

De mi reciente visita a Madrid dejo alguna foto de las cientos que tomé, virtudes de lo digital. Espero que os gusten. Tuve la suerte de comer en ese sitio donde dicen hacen el mejor cocido de Madrid. Estaba muy bueno, la verdad, además no hizo mucho calor y pudimos patear parte de la ciudad.
Al igual que en Las Ramblas de Barcelona en Madrid hay gente que se lo curra, en cuanto a convertirse en estatuta. Para muestra un botón, o mejor una foto.

Estatua humana Madrid

Aunque no era 31 de diciembre, ni íbamos a por uvas, nos acercamos a la archiconocida Puerta de El Sol

Madrid

Caixaforum arte moderno y no tan moderno
escultura madrid

Erratzu Elizondo Baztán Cuevas de Zugarramurdi

Después de haber pasado el fin de semana por el valle del Baztán, ahí dejo unas fotos e impresiones. De entrada decir que el Baztán, para los que vamos de Logroño nos queda relativamente cerca. A Erratzu, que es adonde nos dirigimos nosotros, no tardamos ni dos horas en llegar. Primero hay que ir a Pamplona, donde se llega en un plis plas gracias a la autovía y luego tras dejar Pamplona tras haber atravesado media docena de rotondas, en otros cuarenta y cinco minutos te plantas en Erratzu, después de pasar por Elizondo. La carretera después de dejar Pamplona, está muy bien asfaltada y es ancha, cuenta con varios tramos en los que hay carriles de incorporación así que puedes adelantar los camiones que te encuentras. Se atraviesan los túneles de Belate y enseguida te encuentras ya en el Baztán.

Elizondo es el pueblo más grande del Baztán, el sitio adonde va de marcha los jóvenes de los pueblos más próximos. Elizondo es un lugar bonito, cuenta con un río caudaloso, de amplio cauce, desde el que se ven vistas como las de la foto.
Elizondo vista desde el puente
En Elizondo comimos en el restaurante Santxotena. Me quedó un regusto amargo y no de la cuajada precisamente, que no tenían, dado que no es temporada de hongos (que es en el otoño) y nos conformamos con comer una menestra y un solomillo de carne del baztán, que estaba bien tierna.

Nos encontramos con esta fuente, donde había esta placa tan cachonda. Una placa futurista, digo yo, pues si no me equivoco estamos todavía en 2010.

Fuente en Elizondo

No pasamos la oportunidad de comprar en la pastelería Malkorra, chocolate negro con avellanas, al «módico» precio de 27 euros el kilo. El sitio es una cucada, y la joven dependiente una sota de las de la baraja, pero el chocolate que es lo que cuenta está (mejor dicho, estaba) de muerte súbita. Dimos una vuelta siguiendo el curso del río, nos admiramos con las casas, auténticos caserones típicos de la zona, y como empezaba a llover, nos fuimos a Erraztu.

Golmajería Malkorra

Erratzu es un pueblo pequeño entre montañas. Tiene una iglesia cuyo claustro está en obras. Un puente sobre el caudaloso río Baztán. Un frontón donde los jóvenes pasan las tardes. Un parque de juegos para los más pequeños. Hay también unas cuantas casas rurales, como la Casa Etxebeltzea, donde nos alojamos. Una casa espectacular, antiguo palacete del siglo XIV, con unas habitaciones, la número 2 nos dieron, con cama de 1,80 para los adultos, 1,10 para los niños y espacio más que de sobra para poner una cuna de viaje. Fuera de la espaciosa habitación, un salón gigántesco, con paredes cubiertas de libros, y mobiliario antiguo donde pasar las horas, alejado del mundanal ruido, porque en la habitación no se oye ni un ruido. Dando un paseo por las afueras del pueblo nos encontramos un rebaño de ovejas, una manada de vacas, y caballos dormitando o mirando sorprendidos desde los prados cercanos, y al fondo las montañas verdes, envueltas en brumas, y ellas puntos blancos; caseríos inalcanzablas, suspendidos en el horizonte.

Vista de Erraztu desde la parte trasera del frontón
Erraztu rodeado de montañas

Vista de Erraztu con el río y el puente y la iglesia

Erraztu casas del pueblo

En el pueblo hay casonas tan espectaculares como esta
Erraztu casona

Erratzu y toda la zona en general cuenta con una buena infraestructura turística, de ahí que en espacio tan reducido nos encontremos con este listado de casasa rurales.

* Camping Baztan, teléfono 948 45 31 33.
* Casa Rural Etxebeltzea, teléfono 948 45 31 57.
* Casa Rural Ezpondarena, teléfono 948 45 31 88.
* Casa Rural Hualdea, teléfono 948 45 31 74.
* Casa Rural Indatxipia, teléfono 948 45 31 21.
* Casa Rural Juanillo, teléfono 948 45 33 56.
* Casa Rural Kordoa, teléfono 948 45 32 22.
* Casa Rural Marimartindenea, teléfono 948 45 31 17.
* Casa Rural Bazarabal I y II, teléfono 948 45 31 58.
* Casa Rural Dolareta, teléfono 948 45 32 69.
* Casa Rural Indakoetxea I y II, teléfono 948 45 31 03.
* Casa Rural Iztikotenea I y II, teléfono 948 45 31 09.
* Casa Rural Kastonea I y II, teléfono 948 58 13 93.
* Casa Rural Martikotenea I y II, teléfono 948 45 30 94.
* Casa Rural Senperenea, teléfono 948 45 31 58.
* Casa Rural Urrain I, teléfono 948 45 31 10.
* Casa Rural Urrain II, teléfono 948 45 31 10.

De hacer alguna visita por la zona, de los muchos lugares que había que visitar, nos decantamos por la localidad de Zugarramurudi. Allí están las cuevas, cuya visita te lleva alrededor de una hora. El sábado abrían a las 11 de la mañana y fuimos los primeros visitantes, así que cuando ya habíamos acabado la visita, era cuando llegaban el resto de visitantes. Desde el mirador, las vistas son espectaculares. En lontananza se ven los caserones de muchos pueblos, tanto españoles como franceses.
Cuevas de Zugarramurdi
Después de ver las cuevas, una buena opción es ver el Museo de las Brujas, donde ver paneles informativos, vídeos (akelarres, orígenes del la brujería), nombres y apellidos de personas acusadas de brujería, etc.
A los que somos de Logroño la placa de la foto nos resulta curiosa, pues hace menos de dos meses, hubo un hermanamiento entre nuestra ciudad y Zugarramurdi.

Hermanamiento Logroño Zugarramurdi

Caballos en Zugarramurdi
El pueblo se nota que es zona fronteriza, pues había ríadas de ciclistas y turistas franceses. De hecho el pueblo de Sare, en territorio galo, está a tiro de piedra, a 14 kilómetros. Lo mismo se puede decir de Errazturespecto de Saint-Jean-Pied-de-Port, que está a unos 28 kilómetros.

Lo que más me ha gustado sin lugar a dudas ha sido el paisaje, las montañas verdes, las ovejas pastando, los caballos, las vacas, en un escenario vegetal exuberante.