Esta película aparece en el box-office como la décima película más vista en España, con casi 50.000 espectadores, en su primera semana en cártel. Me sorprende porque es una película aburrida y malísima, de nulo interés. Su protagonista es la actriz Lucy Liu (vista en Ally McBeal o Los Ángeles de Charlie). Que la chica tiene su punto es evidente, que resulta sensual, atractiva y provocadora también, que pueda dar el pego como vampiro está por ver, porque precisamente este engendro va de vampiros. No podemos pedir a estas alturas que nos ofrezcan algo rompedor, sobresaliente, pero sí que siguiendo al pie de la letra y reiterando todos los tópicos vampiriles, al menos, su director, un tal Sebastián, que a la vez es guionista de esta memez, logre hacernos pasar una hora y media cuando menos entretenida. Su inicio promete. Sadie (Lucy Lui), convence a una rubia despampanante para que se acueste con ella. Cuando la prostituta va a poner su lengua a trabajar entre las maravillosas piernas de Sandy, ocurre algo inesperado.
Luego la acción se sitúa seis meses atrás. Sadie, con el pelo largo, es una periodista, que escribe un artículo sobre una secta de corte satánico. Ocurren dos muertes de dos chicas relacionadas con la macabra secta y Sadie que se mete por medio encuentra su final en una bolsa de plástico con cremallera y el frío de un depósito de cadáveres, del que sale por su propio pie. La curiosidad de la chica le ha llevado antes de morir a toparse con Bishop, un vampiro que tras abusar sexualmente de ella, junto a otra amiga vampira, la muerde hasta creerla muerta. Sandy en su tránsito hacia el más allá, se queda a medio camino, resucitando a la vida, bajo la apariencia de un vampiro, que es como la de los humanos, salvo que su dieta pasa por beber sangre humana y algún detalle más sin importancia (eso tan manido de que no se reflejan en los espejos y que se les mata con una estaca en el corazón). Al salir del depósito de cadáveres, le ayuda un vampiro de los buenos, que le pone en la senda, la prepara, y la encamina en su venganza personal. Por medio aparece un policía, un trasunto de Bruce Willis, con la cabeza afeitada e igual pose, pero sin la menor chispa, que se afana en el caso de las chicas asesinadas, porque una de ellas era su hija.
Nada hay en la película que resulte entretenido, los diálogos son una chorrada, las interpretaciones son meras caricaturas. De haberse explotado el filón sexual podía habernos reparado su visionado unos gratos minutos de placer audiovisual, pero el director, que parece en un principio explotar ese filón, luego se cohíbe y la actriz Lucy Liu, a pesar de aparecer desnuda, se busca la manera de que no se le ve como tal en ningún plano, y en todo caso se hace de modo tan acelerado que entra en la categoría de lo subliminal. Mismamente la escena en la que el policía le ayuda a ponerse esos ceñidos pantalones vaqueros podía haber sido el momento para ponerse de paso las botas, y ofrecernos algo de sexo duro y salvaje, dentelladas procaces y chuperreteos cárnicos, una comunión humana-vampírica, que para nada tiene lugar, dejando pasar una gran oportunidad para que la película se viniera arriba y levantase algo el vuelto, lastrada por su inanidad, previsibilidad y nulo mordiente.
Si la veis ya me daréis vuestro parecer, pero a mí me ha parecido malísima, un paquete de gran volumen. De vampiros, he visto el otro día 30 días de oscuridad, y el ritmo que tenía, las buenas caracterizaciones, además de entretener, nos ofrecía unos cuantos minutos angustiosos.
En Rise cazadora de sangre, todas las escenas son un encadenamiento de tedios parciales que cimentan el gran aburrimiento, por mucha sangre que haya por medio.
Y puestos a comparar y con vampiros de por medio, prefiero a la turgente Jessica Biel, en la tercera parte de Blade.
No es mala, es mucho peor, solo se salva la actriz que está de toma pan y moja. De lo peor que he visto hace tiempo.