-¡Oh tú, bienaventurado sobre cuantos viven sobre la haz de la tierra, pues sin
tener invidia ni ser invidiado, duermes con sosegado espíritu, ni te persiguen
encantadores, ni sobresaltan encantamentos! Duerme, digo otra vez, y lo diré
otras ciento, sin que te tengan en contina vigilia celos de tu dama, ni te
desvelen pensamientos de pagar deudas que debas, ni de lo que has de hacer para
comer otro día tú y tu pequeña y angustiada familia. Ni la ambición te inquieta,
ni la pompa vana del mundo te fatiga, pues los límites de tus deseos no se
estienden a más que a pensar tu jumento; que el de tu persona sobre mis hombros
le tienes puesto: contrapeso y carga que puso la naturaleza y la costumbre a los
señores. Duerme el criado, y está velando el señor, pensando cómo le ha de
sustentar, mejorar y hacer mercedes. La congoja de ver que el cielo se hace de
bronce sin acudir a la tierra con el conveniente rocío no aflige al criado, sino
al señor, que ha de sustentar en la esterilidad y hambre al que le sirvió en la
fertilidad y abundancia..
Don Quijote se despacha con Sancho Panza
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