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El poder de las palabras (Simone Weil)

Simone Weil murió con 34 años, en 1943. Antes de su muerte dejó como legado un buen número de textos. Algunos de ellos, como el presente, han sido publicados bajo el título El poder de las palabras por la Editorial Godot, y otros tantos han visto la luz gracias a la Editorial Trotta.

Weil vivió el auge de los totalitarismos, tanto del fascismo como del comunismo, y sus escritos versan sobre el papel que juega la economía, en concreto sobre la propiedad privada y la idea del “equilibrio económico”, el poder de las palabras y su vaciado o banalización, algo que cada vez está más presente, o ese mundo categorizado y etiquetado que impide cualquier asomo de aplicar el pensamiento a la realidad.

Levantar en general el nivel intelectual favorecería los esfuerzos de clarificación para desinflar las pretendidas causas de los conflictos. Ciertamente, no nos falta gente para predicar la calma en todos los ámbitos, pero en general, esos sermones no tienen el objetivo de despertar las inteligencias y eliminar los falsos conflictos, sino de adormecer y sofocar los conflictos reales”.

Algo aplicable hoy en donde conflictos reales como la masacre de miles de niños palestinos, la desigualdad mundial, cada día mayor, o el cambio climático, parecen importar mucho menos a la ciudadanía que otros conflictos, avivados con ruido, furia y odio, a diario y de muchísima menor entidad, desde los pesebres políticos.

Decía Maquiavelo que los hombres olvidan más fácilmente la muerte de sus padres que la pérdida de su patrimonio”.

Pero nunca es bueno cargar con una doctrina detrás de sí, sobre todo si en ella se encierra el dogma del progreso, la confianza indefectible en la historia y en las masas. Maquiavelo es infinitamente más útil que Marx para formarse un juicio”.

Dedica Weil dos artículos a analizar la situación de la llegada al poder del Frente Popular, y el gobierno de León Blum en 1936.

Una de esas máximas es que quien asume el poder debe tomar enseguida todas las medidas rigurosas que estima necesarias, y no después, o, en todo caso, cada vez menos. Ya que los ministros socialistas creen en la eficacia de algunas medidas fiscales y financieras para llenar las arcas del Estado, sostener la moneda y establecer cierto civismo en materia de dinero, deberían, como es evidente, tomar todas esas medidas en junio de 1936 y no un año más tarde”.

El poder de las palabras, puede servirnos como un buen vestíbulo a la obra de Weil, a su vívido pensamiento, a la necesidad de cuestionarse el mundo que la rodeaba sin echar mano de los conceptos como si estos fuesen letras de molde, esas etiquetas que evitan la manía de pensar, y más bien yendo hacia su esencia o significado.

Fue Simone Weil una mujer comprometida con su tiempo e hizo práctico su compromiso. Lo llevó hasta tal límite que le supuso la muerte.

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