uso indiscriminado y absurdo de barbarismos en la lengua española

¿Du llu espic ingliss?

Esto es un artículo aparecido en El País el 13 de Mayo de 1993, y escrito por Julio Llamazares bajo el título Modernos y elegantes

Desde que las insignias se llaman pins, los maricones gays, las comidas frí­as lunchs, y los repartos de cine castings, este paí­s no es el mismo: ahora es mucho, muchí­simo más moderno.


Antaño los niños leí­an tebeos en vez de comics, los estudiantes
pegaban posters creyendo que eran carteles, los empresarios hací­an
negocios en vez de business, y los obreros, tan ordinarios ellos,
sacaban la fiambrera al mediodí­a en vez del tupper-ware.

Yo, en el colegio, hice aerobic muchas veces, pero, tonta de mi­,
creí­a que hacía gimnasia. Nadie es realmente moderno si no dice cada
dí­a cien palabras en inglés. Las cosas, en otro idioma, nos suenan
mucho mejor.

Evidentemente, no es lo mismo decir bacon que panceta, aunque tengan
la misma grasa, ni vestí­bulo que hall, ni inconveniente que
handicap…
Desde ese punto de vista, los españoles somos moderní­simos. Ya no
decimos bizcocho, sino plum-cake, ni tenemos sentimientos, sino
fellings.

Sacamos tickets, compramos compacs, comemos sandwiches, vamos al pub,
practicamos el rappel y el raffting , en lugar de acampar hacemos
camping y, cuando vienen los frí­os, nos limpiamos los mocos con
kleenex.

Esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres y han
mejorado mucho nuestro aspecto. Las mujeres no usan medias, sino
panties y los hombres no utilizan calzoncillos, sino slips, y después de
afeitarse se echan after shave, que deja la cara mucho más fresca
que el tónico.

El español moderno ya no corre, porque correr es de cobardes, pero
hace footing; no estudia, pero hace masters y nunca consigue aparcar
pero siempre encuentra un parking.
El mercado ahora es el marketing; el autoservicio, el self-service; el
escalafón, el ranking y el representante, el manager. Los
importantes son vips, los auriculares walkman, los puestos de venta
stands, los ejecutivos yuppies; las niñeras baby-sitters, y hasta
nannies, cuando el hablante moderno es, además, un pijo irredento.

En la oficina, el jefe esta siempre en meetings o brain storms, casi
siempre con la public-relations, mientras la assistant enví­a
mailings y organiza trainings; luego se irá al gimnasio a hacer
gim-jazz, y se encontrará con todas las de la jet, que vienen de hacerse

liftings, y con alguna top-model amante del yoghurt light y el
body-fitness.

El arcaico aperitivo ha dado paso a los cocktails, donde se jartan a
bitter y a roast-beef que, aunque parezca lo mismo, engorda mucho
menos que la carne.

Ustedes, sin ir más lejos trabajan en un magazine, no en un programa.
En la tele, cuando el presentador dice varias veces la palabra O.
K. y baila como un trompo por el escenario la cosa se llama show, bien
distinto, como saben ustedes, del anticuado espectáculo; si el show
es heavy es que contiene carnaza y si es reality parece el difunto
diario El Caso, pero en moderno.
Entre medias, por supuesto, ya no ponen anuncios, sino spots que,
aparte de ser mejores, te permiten hacer zapping. Estas cosas
enriquecen mucho.

Para ser ricos del todo, y quitarnos el complejo tercermundista que
tuvimos en otros tiempos, solo nos queda decir con acento americano
la única palabra que el español ha exportado al mundo: la palabra
‘SIESTA.’

Espero que os haya gustado… yo antes de leerlo no sabí­a si tení­a
stress o es que estaba hasta los cojones.

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