Y amaneció: Día Primero.
La historia acontece lo largo y ancho de siete días con sus siete noches en Kiruna, el segundo municipio más extenso del mundo (20.000 km2), situado en el norte de Suecia, a 150 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico. Las temperaturas allí son bajísimas. Disfrutan de noches interminables en invierno durante meses y de días de 24 horas de luz en verano, lo que se conoce como el Sol de Medianoche.
La autora del libro, Åsa Larsson, nació en Kiruna y ese paisaje nevado, frío, inhóspito, que resta colores y olores a la naturaleza, lo conoce bien y está perfectamente integrado en la historia; nieve abundante que resta movilidad a los personajes, que ralentiza sus acciones, aletargándolos, polvo blanco que dificulta el movimiento de sus articulaciones, edificios ocultos bajo el negro telón níveo, etcétera.
Arranca la historia con el cadáver de un hombre llamado Viktor en una iglesia. Al muerto le han arrancado los ojos dejando las corvas y le han mutilado las manos. El principio promete. La hermana del difunto, Sanna, tras encontrar el cadáver huye con sus dos hijas pequeñas. Desesperada llama a Rebecka, quien dejó Kiruna para ir a estudiar a Uppsala y luego a Estocolmo, donde labora como abogada en asuntos fiscales. Rebecka tiene su historia personal ligada a Kiruna, de la que luego sabremos.
Tras recibir la llamada de Sanna, Rebecka decide ir al encuentro de ésta. Poco después de su llegada Sanna se erige como sospechosa de la muerte de su hermano. Rebecka se convertirá en un diligente sabueso dispuesta a demostrar la inocencia de su amiga, mientras que irá sacando a la luz los secretos de esa comunidad religiosa, comandada por pastores descarriados, pecadores como todos, con muchos secretos en su haber.
En paralelo a las pesquisas llevadas a cabo por Rebecka, una pareja de policías integrada por la embarazada Anna-María y Sven-Erik, irán al mismo tiempo avanzando en la investigación. Está también presente el Fiscal Van Post, Mans, el jefe de Rebecka, que no ve con buenos ojos que su bufete se vea implicado en esa historia tan truculenta y toda esa comunidad de hombres y mujeres cautivos del silencio que no quieren aportar ninguna información sobre lo que le ha sucedido al difunto Viktor.
Las 381 páginas del libro las he, literalmente, devorado, siguiendo las andanzas de Rebecka, su continuo ir a venir, sus constantes acusaciones a todo el mundo, en su afán por esclarecer el asunto, por sacar los trapos sucios de la congregación a la luz, a pesar del daño que los malos recuerdos pueden causarle.
Tiene el libro una esencia positiva, elementos de felicidad, donde la policía encargada del caso se congracia de la buena vida que lleva, orgullosa de su marido, de sus dos otros hijos, deseosa de dar a luz y para poder así descansar de su trabajo como policía.
Hay animales de compañía como las perras Bella y Chapi, hombres mayores y sabios y encantadores como Sivving, cultivadores de setas Shikitake, gente cobarde, personas malditas, mujeres calladas y sumisas, asesinos sueltos, Dios preso en el papel de Biblias manchadas de sangre, silencios atronadores, y en el cielo una Aurora Boreal que juguetea como una serpiente…
Åsa Larsson no guarda relación con Stieg Larsson, sólo comparte un apellido común en Suecia, pero los dos se han hinchado a vender ejemplares de sus libros. Ella de Aurora Bolear, que ha vendido según parece, un millón de ejemplares en Suecia (que sería equivalente a vender unos siete millones de ejemplares en España) y Stieg de su Trilogía Millennium. Los dos Larsson junto a autores como Jo Nesbo (ahora estoy leyendo Némesis), Henning Mankell, Arnaldur Indridason, dan fe de la buena acogida que la literatura policiaca escandinava tiene en el resto del mundo.