A Antonio lo conozco porque es el responsable de la bitácora literaria La antigua biblos, que este año cumple 15 años de andadura. Siempre ha sido para mí su blog un referente para orientar mis lecturas en el océano de publicaciones recientes y pasadas. Ahora Antonio se pasa al lado oscuro y resbaladizo y comparece aquí, no como un juicioso, voraz y esmerado lector, sino en calidad de escritor. Y lo hace con un libro de relatos bajo el brazo que lleva por título Caja de juegos reunidos.
Recuerdo en mi infancia, en la casa de mis abuelos, echar unas cuantas horas con mi hermano y amigos entretenidos con una de estas cajas. Es un título que casa muy bien con el espíritu de los relatos. Pensemos que al leer nos desplazamos también por un tablero, o bien por una rayuela, de tal modo que volvemos a ser niños, trayendo el pasado al presente.
De esta manera Antonio va al pasado y sitúa uno de su relatos, Azul y gris, en un colegio de monjas, explicitando muy bien los distintos tipos de alumnas allí congregadas y procediendo a un puntilloso análisis tanto de las alumnas como de las monjas. Siguiendo con los colores, el relato Verde y negro ofrece la magra biografía de un narrador. Aquí las monjas son reemplazadas por los curas. Aquella España de la dictadura educada en la religión, no parece haber dejado marcas indelebles y en todo caso, lo que aquí se transmite es un aprendizaje, una suerte de educación sentimental que no escatimaba la violencia física: las collejas, los moquetones, los tirones de orejas… en la creencia de que la letra con sangre entraba. A pesar de todo, quizás porque se tenía la piel menos fina y se venía de una España de posguerra, la gente estaba más curtida, y asentaba todas estas experiencias como algo inevitable que debía formar parte de su currículo vital.
Regresando al presente, Antonio ofrece relatos ingeniosos como la Historia de un charco o bien pone a hablar a los objetos, ya sea un abrigo en El abrigo o bien unos zapatos en La vida secreta de los zapatos. Al igual que con el relato Catorce entre tres, Antonio, cifra bien en ellos su ingenio, humor y capacidad de inventiva. O deja que el absurdo desquicie un relato como sucede en Inconsciente.
Tampoco descuida Antonio el lenguaje -muy cuidado y sugerente- en el relato Normalidad, ni la realidad ni la crítica social. Muestra de ello es el relato Cotidiana, con una conversación entre un periodista y un político, afines y ambos sin el menor escrúpulo, que de buena gana intercambiarían sus roles.
Lo prosaico pide la palabra y habla por boca del relato Costumbre y silencio, donde un anciano normal encuentra en una actividad ilícita el aliciente para darle algo de lustre a la soledad.
Presentes en los relatos las parejas, algunas de tres miembros y de cuatro, como en Dos cafés, donde está por ver si los cuernos reconvertidos en poliamor resultan una fórmula eficaz o no.
Y hay algo que aquí es una música de fondo: la necesidad de cariño, de amar y ser amado. Puede ser incluso una ilusión, una presencia incorpórea como le sucede a Elena en Molde y figura, o algo más real, como el amor que surge entre dos jóvenes, en ¿Qué quieres de segundo?; jóvenes que van a aprendiendo de sus anteriores relaciones amorosas, de cara a ir corrigiendo lo que no les gusta, afinando en sus sentimientos y deseos, ahormando su mundo al de aquel que puede llegar a ser parte indisoluble de su mundo.
Y el relato que creo que más difiere de todos los anteriores es Tres en dos, donde nos sitúa en algún país de habla hispana al otro lado del charco. Ahí tenemos al docente Camino González convertido en todo un capo de las aulas.
En definitiva, dieciséis relatos diversos, humorosos y vivaces; unos sirven al autor como herramienta para recordar, o bien para fabular, también para criticar la realidad o trascenderla desde el absurdo (como en el relato Barba). En todo caso, como decía al comienzo, nos sirven para desplazarnos por el tablero, para movernos en volandas en unas ocasiones o para caer en el pozo en otras. Pero una vez lleguemos a la casilla final, sentiremos una suerte de bienestar. O esa sensación me queda.