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Si te comes un limón sin hacer muecas (Sergi Pàmies)

Los primeros relatos que leo de Sergi Pàmies y presumo que no serán los últimos. Veinte relatos donde Sergi toca todos los palos. Lo hace con una prosa tan de andar por casa que esto de escribir parece sencillo. En los relatos cada palabra cuenta y se corre el riesgo de que el interés del lector se dé a la fuga sin dar explicaciones tanto como que sobrevenga un encogimiento de hombros acompañado de un ¿y? que suceda al final.
Viene bien releer los relatos para exprimirlos hasta la última gota, o palabra, hasta ese final que da la victoria por K.O en unos y a los puntos en otros. Pàmies bebe de los lugares comunes para mofarse de ellos (el trinchante Brindis hará las delicias de los letraheridos), tanto como de la sociedad que nos hemos dado entre todos, y se gasta un humor entre lo paródico y lo absurdo que viene muy bien para cuestionarnos muchas de las cosas que hacemos y decimos, ya sea en el ámbito familiar, laboral…analizando con agudeza y como el que no quiere la cosa la ontología de las relaciones con los demás y con nosotros mismos.

Anagrama. 2006. 136 páginas

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Una pena en observación (C.S. Lewis)

Si en Morir Schnitzler mostraba lo que sucede antes de que uno de los dos miembros de una pareja fallezca a resultas de una enfermedad terminal, aquí, C.S. Lewis plantea lo que viene después: la gestión del duelo, la observación y desentrañamiento de la pena que siente el viudo, quien trata de aclarar sus ideas y pensamientos sobre el papel, mediante unos escritos en los que afirma y se desmiente. Una narración que se construye sobre tres elementos: él, ella (H) y Dios. Una confesión donde explicitar su vacío, su pena, su dolor, a medida que con las piezas del pasado vaya construyendo un relato que explique su historia de pareja en común, historia que al tiempo que le consuela, le permite coger la perspectiva necesaria como para valorar todo lo que ha perdido, pues la felicidad casi siempre se vislumbra a toro pasado, echando la vista atrás, saldando cuentas con el pasado, engordando el haber.
Por medio hay muchas reflexiones, no tanto sobre la religión, sino sobre Dios, y el papel que éste tiene en el desarrollo de este trance luctuoso e irreversible. Un Dios que puede servir primero como destinatario de súplicas y luego como paño de lágrimas.
Es esta una novela muy breve de apenas cien páginas, dotadas de gran profundidad y agudeza, cuyo desarrollo a veces parece más propio de un ensayo, pues como el título ya indica, el objeto de estudio y observación es la pena, ese nido ya vacío al que nos confina la ausencia del que se ha ido de nuestro lado, y en las páginas prima más el más pensamiento analítico que el sentimiento, no tanto «el qué mal me siento y qué pena rumio» sino «por qué me siento así, cuándo recordarla dejará de doler, en qué ocuparé este tiempo en estado casi puro, esta vacía continuidad…«. Un explicarse a sí mismo lo que va experimentando, ahora que el viudo ya no es testigo sino protagonista absoluto de su orfandad.
Estupenda la traducción, obra de Carmen Martín Gaite. Esta novela dio lugar a la película Tierras de penumbra.

www.devaneos.com

Calle de las Tiendas Oscuras (Patrick Modiano)

Patrick Modiano publicó Calle de las Tiendas Oscuras en 1978, con 33 años. No llegó a España hasta 2009. Sorprende, considerando que esta novela se llevó en su día el Premio Goncourt. La publicaría Anagrama con traducción de María Teresa Gallego Urrutia.
Esta es la cuarta novela que leo de Modiano (Accidente nocturno, Un circo pasa y La hierba de las noches) y la que más me ha gustado. Modiano trabaja aquí el tema de la identidad y la memoria. Un tal Guy Roland, tratará de averiguar quién es él, dando forma y relieve a su pasado, el cual se va componiendo como las pequeñas teselas de un mosaico, recogiendo datos, nombres, fechas, fotografías, direcciones postales, que sus interlocutores le van brindando en las distintas conversaciones que mantiene con ellos. Guy va tirando del hilo, desmadejando el embrollo, tratando de armar las piezas de un muñeco muy endeble, durante los años de la Ocupación. Modiano -así nos lo hace saber por boca de sus personajes- sabe que apenas dejamos huella con nuestras vidas, que nuestras existencias son poco más que un suspiro, que en todo caso, más que llenarnos la boca con las cosas que hacemos o dejamos de hacer, son los otros, los que nos construyen, sustentan y sustraen del olvido recordándonos. Esa es la premisa. A Guy le bastaría simplemente con que alguien le reconociera, le pusiera cara. Parece cuestión baladí, no lo es y sobre este asunto, Modiano arma una novela muy notable que he leído del tirón y cuyo final es consecuente. La vida es una búsqueda, un ir al pasado, pues como dice uno de los personajes lo importante no es el porvenir, sino el pasado, y en el caso de Guy de nada le serviría ir sumando días sin reconocerse.

Vera Giaconi

Seres queridos (Vera Giaconi)

Diez relatos de Vera Giaconi (Montevideo, 1974) conforman Seres queridos, relatos que beben de lo cotidiano y cuyos personajes se verán asolados y desolados bien por una enfermedad degenerativa y crónica, por la muerte ajena y eutanásica que son capaces de provocar, por intentos de suicidio, por mutilaciones accidentales a cargo de unas pirañas; relatos que ponen a los seres humanos en primer plano y con estos, sus afectos, sus sentimientos: los lazos que nos anudan y estrangulan, ya sea la relación entre un abuelo y una nieta a la que verá desaparecer junto a sus padres en la Argentina de mediados de los setenta; la relación virtual entre dos hermanas, donde una de ellas se prenda de un famoso surgido del programa Survivor (si Andrés Ibáñez escribió, Brilla, mar del Edén, un novelón inspirándose en parte en la serie Lost, Vera hace aquí lo propio, sirviéndose de un programa televisivo que en España conocemos bajo el nombre de Supervivientes); la relación entre dos hermanos siempre a la gresca, donde él ha perdido dos dedos a manos (o mejor, a dientes) de unas pirañas, en un hogar donde las peleas, la violencia y el dolor parecen ser el pan suyo de cada día; la proximidad de un hijo y su madre cuando ésta ya va camino, a pasos agigantados, hacia la senectud, cuando el cuerpo comienza a marchitarse y a oler fruto de la incontinencia y toca echar cuentas cuando el horizonte presenta la forma de una residencia de mayores; o bien un padre y una hija que viven juntos cuando ella atraviesa la edad del pavo, pero donde la comida basura e universal de un McDonald´s siempre será capaz de hacer de argamasa filial. En fin…

En el relato más largo, el que cierra el libro, Reencuentro, y al igual que sucede en A oscuras, prima el suspense y el misterio, donde la realidad se deforma hasta resultar delirante, en una historia que cifra el empeño humano por salirse con la suya cuando múltiples abortos espontáneos dejan a una pareja exitosa – en lo material- ante la imposibilidad de ser padres.

En resumen, relatos cotidianos que tocan sentimientos humanos, unos primarios, otros más elaborados, que dan alas a nuestra imaginación, donde la tensión, la violencia, más o menos explícita asoma en ellos, y donde quizás su mayor acierto sea esos finales donde todo queda en el aire, en manos de la contingencia, del azar o de la razón o de la sinrazón, del afecto y sus efectos.

Anagrama. 2017. 155 páginas.