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Edward Bulwer-Lytton  Impedimenta 2013

La casa y el cerebro (Edward Bulwer-Lytton 2013)

Edward Bulwer-Lytton
Editorial Impedimenta
108 páginas
2013

Tenemos una casa encantada en Londres y el cerebro, es el del protagonista, el narrador, ávido de desenmascarar cuantos presuntos actos paranormales se cruzan en su camino. El narrador busca y encuentra la manera de ir a esa casa con el ánimo de desencantarla, acompañado de su aguerrido criado, el cual sale desencantado y aterrado a las primeras de cambio. El can del narrador correrá peor suerte. Una vez en la casa en narrador comienza a flipar con todo lo que ve y oye: pisadas, sombras que engullen la luz como faquires comesables, puertas que se cierran, ruidos misteriosos etc.

Si te pones a leer un libro así a las doce de la noche, cuando reina la quietud en tu casa, y te vienen ganas de hacer pis, casi es mejor hacértelo encima o recurrir a la bacinilla, porque vi desde el baño el reflejo de la radiodespertador en la puerta de cristal de la cocina, y creí que no iba a sobrevivir para poder escribir esto. Así que apagué la luz, con el libro a la mitad (quitando el prólogo que corre a cargo del traductor, Arturo Agüero Herranz, son 80 páginas), recé tirando de disco duro, mientras en mi pecho galopaban una manada de dos mil búfalos, o más, y lo retomé en el día de hoy, a plena luz del día y lo rematé en la sala infantil de la biblioteca de mi pueblo, rodeado de niños gritando, corriendo….
Pues eso, que a mí estas cosas me dan mucho miedo y menos mal que el libro es breve porque de haber sido un poco más dilatado tendría que buscar una farmacia donde poder pillar trankimajin de 1,5 gramos a fin de estabilizar mi ánimo.

Edward
!Dios, esa barba sí que da miedoooooooo!

La historia escrita por Edward Bulwer-Lytton en 1859, es ya un clásico del género, alabada por escritores tales como H. P. Lovecraft. No tarda uno apenas, a medida que la va leyendo, en dejarse atrapar, enganchar, asustar por la historia, que se devora con fruición. Más allá de elementos sobrenaturales, lo interesante es la reflexión que hay sobre el asunto a cargo del narrador, de cómo intenta domeñar lo sobrenatural bajo las leyes naturales, entendiendo que lo sobrenatural es algo desconocido regido siempre por leyes naturales, con otros elementos como la inmortalidad, el mesmerismo, la pugna entre lo racional e irracional, lo científico y lo filosófico, etc.

En resumen, una historia muy bien narrada, breve e impactante, con la que podemos pasar una hora y media (lo que duran sandeces audiovisuales como Scream o Destino final) la mar de entretenidos y atemorizados.

Próxima parada | Lo que no tiene nombre (Piedad Bonnett)

Impedimenta 2010

El ruletista (Mircea Cartarescu 2010)

Mircea Cartarescu
Impedimenta
2010
62 páginas

Mircea Cartarescu si hacemos caso a lo que nos dice la editorial Impedimenta, que lo publica, es el más importante narrador rumano en la actualidad. El ruletista forma parte del volumen de cuentos Nostalgia (1993).

El libro es una novela de 46 páginas, el resto, es una introducción a cargo de la traductora, Marian Ochoa de Eribe Urdinguio y lo que consigue Mircea en una distancia tan corta es muy plausible, propio de un velocista potente, del trasunto rumano de Usain Bolt.

El narrador de esta historia, a la sazón escritor, afirma que la literatura es teratología, tras 60 años fajado en el bello oficio de escribir. Y dos páginas después ya se mete en harina, para precipitarnos, sin remisión, en una bajada a los infiernos (explicitando como el ser humano es capaz de cualquier monstruosidad), con la ruleta rusa como un instrumento, que le permitirá al ruletista apostar contra sí mismo, desafiando mucho más allá de lo razonable, al azar y sus consecuencias.

Mircea Cartarescu

(Mircea Cartarescu, que bien podría ser El hipnotista)

La prosa de Mircea Cartarescu vibrante e intensa, subyuga y el relato te deja sin aliento hasta el postrero epitafio y como les sucede a los grandes narradores (entiendo que Mircea suene con fuerza como candidato al Nobel) este relato que nos ofrece, es universal, como debe serlo la buena literatura que no entiende de fronteras. No hablo del argumento (aunque viendo el título del libro y al fulano de la portada, no hay que ser la inspectora Lebrel para atar cabos..), porque sería tanto como destriparlo y esto sería una injusticia. Y viendo lo que me ha gustado esta novela no tardaré en hacerme con el lote completo: próxima parada Nostalgia.