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El estatus (Alberto Olmos 2009)

Alberto Olmos El estatus portada
Un puñado de personajes: Claramadre y Clarita, un portero mudo, Ichvoltz el apuesto agente inmobiliario y una mucama, dentro de un hogar al cual se acaban de mudar las primeras, le permiten al segoviano Alberto Olmos pergeñar una historia que bascula entre lo real y lo fantástico, jugando con el arte de la sugerencia, los silencios y los sobreentendidos, mostrando la especial relación entre esa madre entregada a la lectura y poco cariñosa con su madre y esa niña pizpireta y parlanchina que encuentra en Jesualdo, el portero sordo, un perfecto oyente en quien volcar sus desazones y sentimientos. La madre y la hija esperan la llegada del marido-padre, el cual no acaba de llegar y esa espera desespera a la pareja, desquicia sus actos, las crispa, engrandecido todo ello con hechos extraños, fantasmagóricos que llevan a Claramadre a la desesperación.

Un habitat de cuatro paredes y mucho espacio, la típica casa fantasmagórica donde uno no sabe bien cuántas habitaciones la componen, cuántos recovecos y túneles subterráneos la surcan, en una ciudad de un país que no se nombra, salvo algunos detalles sin importancia, como los cambios de gobierno, la agitada situación del barrio en el que viven, que contribuyen a cimentar ese estado de pesadilla y alucinación en el que se mueven los personajes por obra de la prosa vigorosa de Olmos, que trama una historia de buenas hechuras, con diálogos concisos que buscan la sucintez sobre la expansión verborreica, con un logrado clima de asfixia y desazón humana, para una vez leído el final, comenzar de nuevo con la primera página en esta historia circular.

Para quienes gusten de fechas y anécdotas, indicar que El estatus lo escribió Olmos antes que Tatami aunque se publicara después.

Alberto Olmos

Tatami (Alberto Olmos 2008) Lengua de Trapo

Tatami transcurre en un avión. Una chica de buen pecho ha de sufrir las aventuras que le contará su compañero de asiento. El vuelo dura unas cuantas horas, va desde España hasta Japón. La joven que dará clases de castellano en el país nipón, además de tetona es virgen, y aunque le cueste reconocerlo se deja seducir no por su acompañante, sino por la historia que éste le cuenta. Lo mismo que le puede suceder al lector, que se puede plantear qué diantres le pueden interesar los devaneos de un onanista, pajillero y dominador. La victoria de Olmos reside , si es tal, en lograr que acabemos su libro.
Cuando los ingredientes son una tetona, un onanista que es capaz de masturbarse frente a una japonesa adolescente parapetado en la oscuridad, seres humanos que quedan en las cunetas por culpa de esa guerra silenciosa que es el cáncer, truncando amores incipientes y todo eso se mezcla con sentido del humor, diálogos briosos y finales como estaciones de paso, el resultado es Tatami, un libro que si te lo coges para ir a Japón te lo puedes leer varias veces de atrás hacia adelante, pero que te lo puedes ventilar perfectamente yendo en autobús de Logroño a Frías.

Tatami: una comedia ligera con pespuntes de drama, con seres nada agraciados que iluminan sus días con la linterna de sus fracasos y miserias.